
No queda nada para dar el salto a 2027. Un año que rima con el de una generación antológica, la de Federico García Lorca. Se cumplirá entonces el centenario del grupo de la «joven literatura». Grupo que tuvo su puesta de largo en las veladas poéticas de los días 16 y 17 de diciembre, convocadas por el Ateneo de Sevilla, tras curtirse en tertulias, cafés, periódicos y revistas. Se habían congregado con motivo de un centenario precisamente, el tercero de la muerte de Luis de Góngora. Así que de centenario en centenario. Y en verso libre. El telón ya se ha levantado.
En Moguer y Huelva se acaba de reivindicar el peso de Juan Ramón Jiménez en la formación de la generación del 27, presentado como padre por los estudiosos, y en Madrid, con extensión en Málaga, se ha dado ya por inaugurado el Festival Eñe, hasta el 25 de noviembre. Este festival, animando el cotarro cultural desde 2009 a impulso de La Fábrica, despliega más de cien actividades en las que «la poesía toma la palabra». Entre ellas, las 27 horas con el 27, del día 13 al 15, en el Círculo de Bellas Artes.
Tres días de programación continua en torno a esta generación, que se traducen en más de sesenta voces. Entre ellas, la de Alberto Conejero, autor de La piedra oscura y coguionista de La bola negra, o la de Luis García Montero, el poeta y catedrático de la Universidad de Granada que ahora oficia como director del Instituto Cervantes. Se suman las del cantaor «enlorquecido» Miguel Poveda y la escritora Alana S. Portero, porque toca hablar en voz alta de las mujeres del 27, de las Sinsombrero. Es decir, María Zambrano, Maruja Mallo, Rosa Chacel, Carmen Conde o Ernestina de Champourcin.
Hasta el 27 de diciembre se puede ver Yerma, de Lorca, en el Teatro Español, el mismo donde fue estrenada el 29 de diciembre de 1934 con Margarita Xirgu como protagonista. Con el otoño de 2027 llegarán a estas mismas tablas Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. Antes, en primavera, el Centro Danza Matadero dará pie a Poemas para un cuerpo, espectáculo inspirado en el legado de Luis Cernuda, con dramaturgia de Conejero y a cargo de la Compañía Antonio Ruiz.
Habrá teatro, conferencias performativas, espectáculos híbridos, mesas redondas, exposiciones, ediciones conmemorativas y ciclos de cine en múltiples escenarios. No solo, obviamente, en la capital. Tienen mucho que decir Sevilla, donde se escenificó todo, y Málaga, donde realmente nació esta generación, fruto de la labor de la revista Litoral. Aquí se alza el Centro Cultural Generación del 27.
La foto de la generación del 27
La cita sevillana, que tuvo lugar en el salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País y no en el Ateneo, ha pasado a la historia como acto fundacional. En la famosa foto del encuentro salen, de izquierda a derecha, Rafael Alberti, Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, Jorge Guillén, José Bergamín, Damaso Alonso y Gerardo Diego. En el centro, José María Romero Martínez y Manuel Blasco Garzón, los anfitriones. Entre el público, Luis Cernuda. Faltaron Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
Alberti y Lorca, a la izquierda, con el resto de participantes en el homenaje a Góngora de diciembre de 1927.
(Gtres)
Después de elevar al autor del Siglo de Oro a los altares, sobre todo por las Soledades y el Polifemo, al día siguiente, 18 de diciembre, se fueron a comer a la Real Venta de Antequera. Invitaba el Ateneo. Y allí hizo acto de presencia Ignacio Sánchez Mejías, el torero y mecenas de la monumental elegía lorquiana («no hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda»), quien los agasajó en su cortijo de Pino Montano. 1.300 pesetas le costó a la institución «el viaje de los señores que tomaron parte del encuentro literario», según consta en su libro de cuentas; 745,60 pesetas, el hotel, y 222, el banquete. La prensa sevillana la llamó «una nueva generación de vanguardia».
Las mujeres del 27
A todos, en masculino, los incluyó Gerardo Diego en su Antología de la poesía española contemporánea de 1932. Para que estuvieran en la nómina mujeres como Josefina de la Torre o Ernestina de Champourcin, hubo que esperar a la segunda, de 1934. Hay otra foto emblemática, tomada el 29 de abril de 1936 en Casa Rojo, el restaurante de la calle Botoneras 5, esquina con la plaza Mayor de Madrid; hoy Los Galayos. Se reunieron por la publicación de La realidad y el deseo, de Cernuda. Fue la última vez. Unos meses después, estallaba la guerra civil española, García Lorca era asesinado y la mayor parte de ellos marchaban al exilio.
Rosa Chacel y Luis Cernuda, dos miembros destacados de la generación del 27.
(Archivo Fundación Jorge Guillén)
En esta segunda imagen de la generación del 27, a mesa puesta y con las botellas de vino desplegadas en hilera, aparecen incluso Pablo Neruda, Miguel Hernández, María Teresa León, La Argentinita o Concha Méndez. Lorca se refirió a todos ellos como «mi capillita de poetas, quizás la mejor capillita poética de Europa». Después, lanzó «un vítor de fe en honor del gran poeta del misterio, delicadísimo poeta Luis Cernuda».
Jóvenes, modernos, cultos y cosmopolitas, homenajearon a Góngora cuando hacerlo se veía como una revolución (estética). Aunque ahora cueste creerlo, el ilustre cordobés, apodado «el Homero español», era un poeta maldito. Les unía el amor al arte, que cada uno practicaba a su manera, y la «amistad legítima a prueba de divergencias y desastres», en palabras de Gerardo Diego. Fue una Edad de Plata.
Se juntaban en la Residencia de Estudiantes, la casa madre de Juan Ramón, que había organizado la biblioteca, dirigido sus publicaciones, bautizado aquel cerro madrileño como la Colina de los Chopos y diseñado sus jardines. Junto a sus adelfas, Lorca le leyó a Rafael Alberti el Romance sonámbulo. Y entre sus muros presentó Salinas el recital que dio Alberti como adelanto de Sobre los ángeles. Se escuchó aquello de «solo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda/ y que un eclipse de luna equivoca a las flores/ y adelanta el reloj de los pájaros».
