En el documental de Netflix sobre Aitana (Metamorfosis, 2025) hay varias escenas astrológicas, alguna tan almodovariana que la madre de la cantante recuerda a Chus Lampreave. Atentos. Aitana celebra su cumpleaños con un ritual llamado «revolución solar». O ir al lugar en que el Sol pasa por la misma coordenada zodiacal (grado, minuto y segundo de arco) que cuando naciste.
Aitana viene de tener un año «muy jodido» en el que cayó en una «depresión»; lo achaca a celebrar su anterior cumpleaños en Islandia. «No sé si la estoy haciendo bien [la revolución solar] o como el puto culo», confiesa a sus estilistas. La cantante suplica a su madre que indague el minuto concreto de su nacimiento, llamando al hospital si es necesario. Su madre —visiblemente impaciente con este asunto— espeta en modo Lampreave: «Aitana, eso [tenerte a ti] no salió en un minuto. No fue parir y ya». Finalmente, Aitana paga 150 euros a un «gurú» para que averigüe la hora exacta de nacimiento. Resultado: Aitana nació «a las 5 horas, 49 minutos y 45 segundos» del 27 de junio de 1999.
La cantante le pasa el dato a su astróloga, que prescribe que su próximo cumpleaños deberá celebrarse en Indonesia. «Para mejorar tienes que ir a Yakarta. Si no, vas a tener un año terrible con la salud, de hospitalización y todo», le advierte en un audio.
Esta escena de Aitana refleja el impacto mainstream de las vertientes esotéricas —astrología, tarot, etcétera— de la nueva espiritualidad. Según un informe de Market Growth Research, la industria mundial de la astrología está experimentando un boom al calor de las aplicaciones digitales, con una valoración global del negocio de 10.000 millones de euros y una previsión de 17.000 millones para 2030. Al margen de datos macro más o menos optimistas, el cambio en la percepción social sobre esta pseudociencia es evidente.
Así ha cambiado la percepción de lo esotérico
En el imaginario ochentero, un astrólogo era alguien con túnicas de fantasía, abalorios barrocos y gatos enigmáticos. Pero el look de la astróloga barcelonesa Cristina Jové muestra que las cosas ya no son lo que eran: en las fotos de despacho que tiene en su web, recuerda más a una terapeuta de familia o a una abogada de prestigio que a Rappel.
«Especializada en Astrología Psicológica y Terapéutica», Jové explica así el creciente interés por la materia en los últimos años: «La revolución de Internet y las redes sociales han provocado que la astrología entre en casa a todas horas, ya que es cercana y ayuda a entender nuestro carácter y las circunstancias que vivimos. Los jóvenes sienten la necesidad de encontrar un espacio seguro que no esté adherido a ningún sistema político ni a ninguna creencia religiosa, donde poder entender la sociedad actual. Además, ha habido un declive de la religión que ha provocado que la astrología haya ganado terreno. Ahora los jóvenes buscan sistemas de creencia alternativos, debido también a un periodo de inestabilidad social más pronunciado».
¿Cómo se ha notado este fenómeno en el día a día laboral de Jové? Con «un aumento de las consultas de estos servicios y en el número de alumnos que quieren aprenderla y ejercer la profesión. Además de más seguidores en redes. El público ahora quiere saber desde el hogar, con el móvil y a todas horas, noticias sobre su signo, cuándo Mercurio estará retrógrado [lo que equivale a desorden], en qué signo está actualmente Venus y cómo les afectará en el amor en base al signo solar, pero también el lunar y el ascendente», asegura.
Pero el gran tomate astrológico es la carta astral, mapa circular con la posición del Sol, la Luna y los planetas en el momento de tu nacimiento. «En general no deberíamos fiarnos de un horóscopo pues cada uno de nosotros somos toda una Carta Astral o Natal que nos da información relevante de cómo somos y de la energía que nos acompañará a lo largo de nuestra existencia. Basándose en el día, mes, año, hora y lugar de nacimiento es posible obtener un esquema preciso y exacto sobre cada individuo, sirviendo como una hoja de ruta para superar distintas vicisitudes a lo largo de la vida y coger el mejor camino posible para conseguir los propósitos personales… Basta hacerla una vez para ayudarnos a comprender nuestra existencia, descubrir cómo somos y servirnos de apoyo hacia el camino del crecimiento personal, pues todos necesitamos una guía a lo largo de nuestra vida», zanja Jové.
Del salón de casa a las redes sociales
Desde el convencimiento o la ironía, la astrología está conquistando el pop mainstream. Una estrella mundial como Aitana puede hacer bandera de cuestiones astrales que antes se manejaban en privado, dentro de unos nichos más cercanos a las señoras con cardados de la alta sociedad que a los del pop juvenil. Más de mesa camilla, como en los ochenta y noventa, cuando el vidente Octavio Acebes daba «asesoría esotérica» a Isabelita Perón —expresidenta argentina y viuda del general Perón— durante su exilio en la sierra madrileña. Tardes y tardes de pastas, consultas astrales y tarot, pero entre las cuatro paredes de un saloncito burgués.
Con igual privacidad, tras sobrevivir el presidente estadounidense Ronald Reagan a un atentado en 1981, brotó la obsesión de Nancy Reagan. Asesorada por una popular astróloga de San Francisco, la primera dama orientó parte de la agenda del mandatario (horarios de viajes, cumbres y discursos) para evitar el mal fario. La agenda astrológica de los Reagan sólo se conoció cuando un exjefe de gabinete despechado habló más de la cuenta, generando un gran escándalo satírico.
Pero los tiempos, insistimos, han cambiado. La conversación astrológica está en los mundos extravagantes del pop, donde una estrella tan sofisticada y cultureta como Dua Lipa reconoce que no tiene terapeuta, pero sí astróloga. «Me encanta. Solía hacerlo cada año en mi cumpleaños. Ahora profundizo un poco más. Estoy enganchada», ha confesado la propia cantante.
Y no sólo la astrología se convierte en algo molón. ¿Qué dice el tarot sobre Rosalía? Dos días antes de la publicación de su álbum LUX, la tarotista Benita Castejón leyó las cartas a la cantante en la radio. «¡Dios mío, te sale el diablo! Dice que tienes que destruir el pasado. Deconstruirlo. Has ido construyendo lo que tenías. Ahora tienes que desprenderte y renacer, buscar a la nueva Rosalía». Respuesta de Rosalía: «Me reconozco al cien por cien en lo que dices. LUX representa esta nueva era». Todas contentas.
De Rosalía a Los domingos, la nueva era de espiritualidad pop, de «reapropiación cultural del imaginario católico», según la revista cristiana Vida Nueva, circula paralela al de la astrología y el tarot.
La actriz Laura Dern (Blue Velvet, Corazón salvaje) desfila en París ataviada como la carta de la Emperatriz, parte de una colección de Gabriela Hearst sobre los naipes esotéricos. «Siempre me ha fascinado el tarot. Mi madre me dio mi primer tarot a los 18 años», contó la diseñadora en un comunicado. No ha sido el único tarot que ha conquistado recientemente las pasarelas. Colleen Allen resignificó los naipes surrealistas de Leonora Carrington para su colección del otoño pasado. Y Daniel Lee reinventó la baraja canónica del tarot (la de Rider-Waite-Smith, de 1909) para Burberry en 2026.
La guinda la pone ahora una exposición en Nueva York, en la Biblioteca y Museo Morgan, «sobre los orígenes del tarot en la Italia renacentista y su relevancia contemporánea como fuente perdurable de inspiración para artistas de los siglos XX y XXI». De las cortes reales al ocultismo del XIX, pasando por el actual asalto al pop.
Preguntamos a Claire Gilman, comisaria de la muestra neoyorquina, sobre por qué el tarot resurge en ciertas épocas: «Tiende a cobrar relevancia cultural en momentos en que las personas buscan nuevas formas de comprender un mundo en rápida transformación. Estamos viviendo un período de gran incertidumbre, y el tarot ofrece un espacio para la reflexión: una forma visual que permite pensar sobre nuestras aspiraciones y nuestro lugar en el mundo».
Ahora bien, como los nuevos tiempos exigen siempre nuevas interpretaciones, ¿qué significa el tarot hoy? Responde Gilman: «Es esencialmente un lenguaje para explorarnos a nosotros mismos. Puede ser espiritual, pero también psicológico, cultural o simplemente una expresión estética. El tarot tiene un interés especial para los artistas actuales porque está arraigado en una tradición visual ancestral, pero se trata de una tradición que es abierta y flexible en su esencia. El tarot se presta a nuevas interpretaciones —de hecho, este tipo de flexibilidad está en su propio ADN—, por lo que proporciona un marco que se puede modificar e innovar, dando cabida a múltiples comunidades y perspectivas».
Ya hay, en efecto, derivados para todos los gustos, desde un tarot black power, asesorado por el artista Alejandro Jodorowsky, hasta uno trans de la famosa drag queen RuPaul. Desde la pandemia, Charas Vega (Ibiza, 30 años) ha logrado reunir en Instagram (@charcastrology) a 80.000 seguidores de sus memes astrológicos desenfadados. ¿Cómo verías La Odisea siendo Sagitario? «Signo intenso como pocos, pero que, antes de nada, tiene una vida, una familia, unos amigos… Ya verá la película cuando pueda», relata Vega. «Es una posición irónica, pensaba que se entendía fácilmente. Más allá de eso, me gusta la astrología sin que eso irrumpa en mi sistema de creencias que es más bien agnóstico», razona. ¿Vuelta a la mística o mero divertimento pop? La respuesta está en los astros.