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viernes, febrero 13, 2026

Prohibir corridas significará la extinción del toro de lidia, advierten

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También se perderán ecosistemas, fauna y 80 mil empleos directos, subraya Tauromaquia Mexicana

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▲ La tauromaquia “trasciende la fiesta brava al ser cultura, identidad, fuente de empleo y forma de vida”, señalan ganaderos.Foto Marco Peláez

Alexia Villaseñor

Periódico La Jornada
Viernes 13 de febrero de 2026, p. 11

En la dicotomía entre defensores y detractores de la tauromaquia, “la fiesta brava persiste como una cultura viva que trasciende a las corridas de toros”. Uno de sus pilares fundamentales es la conservación de la especie del toro de lidia, única en su tipo, y con ello su bravura, afirman miembros de la organización Tauromaquia Mexicana.

Actualmente, esta industria tiene presencia en ocho países (España, Portugal, Francia, Venezuela, Perú, Colombia y Ecuador), además de México, donde existen 240 ganaderías registradas en 12 entidades, que resguardan 170 mil hectáreas de campo bravo. En este ecosistema habitan 180 mil cabezas de ganado, de las cuales sólo 7 por ciento llega a lidiarse en las plazas.

En un recorrido a medios organizado por dicha asociación en el rancho El Rocío de Valentina, en la ganadería Caparica, ubicada en Jiquipilco, estado de México, los productores enfatizan que la historia de estos animales no se resume en una corrida, sino que comienza desde varias generaciones previas, a fin de conservar la genética, y al menos cinco años de cuidados en el campo para los que van al ruedo y más de 20 para los sementales y vacas.

“No criamos para matarlos, sino para conservar la especie. No vendemos por kilo, sino por bravura y comportamiento. Por ello, el combate es necesario para mantener estas características”, aseguran.

Si las corridas se prohíben por completo, “el costo es la extinción de la raza, porque no pueden vivir en espacios pequeños por su crianza especializada. Tampoco en vida silvestre sin supervisión, pues no se tendría control de las características de comportamiento que la identifican”, afirman.

Aunado a lo anterior, se perderían estos ecosistemas, que tienen cultivos de maíz, avena, olivos y nogales; fauna de vida silvestre como venados, águilas o serpientes, y al menos 80 mil empleos directos, “que tendrían que buscar otro giro porque los ranchos ya no podrían solventar el estilo de vida de esta especie”, subrayan.

Rafael Gómez, veterinario de Caparica, describe que se hace una selección para mantener la carga genética, así como la fuerza, resistencia y ritmo necesarios en cada toro. En caso de no mostrar estas características, se mandan al rastro.

Roberto Viezcas, ganadero en Caparica, relata que desde pequeño su padre lo llevaba los domingos a un ruedo cerca de su casa, y desde hace 20 años se dedica a este oficio.

Los productores señalan que la tauromaquia “trasciende la fiesta brava al ser cultura, identidad, fuente de empleo y forma de vida”, pero reconocen que no puede estar separada del espectáculo debido a que va de la mano del valor genético de la especie, pues “es su razón de ser”.

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