Las jornadas Cancer Care que organiza MUJERHOY son a día de hoy el punto de encuentro clave para que pacientes, acompañantes, expertos y la sociedad, en conjunto, se informen sobre la realidad del cáncer desde diferentes puntos de vista. E igualmente, obtengan herramientas para gestionar el proceso desde el punto de vista emocional. En esta ocasión, el evento, celebrado el pasado 14 de octubre en MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten, estuvo dedicado al cáncer de mama, una enfermedad de la que en España se diagnosticarán este año 38.318 nuevos casos, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
Con el apoyo y asesoramiento médico de MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten, el patrocinio de Gilead-Kite, Daiichi Sankyo y la colaboración de Alma Secret, Estée Lauder y el centro de micropigmentación de Mónica Aránguez, expertos y pacientes abordaron en diferentes bloques la prevención, el diagnóstico precoz, los tratamientos más avanzados, la comunicación médico-paciente y una cuestión que a menudo queda en segundo plano: cómo recuperar la relación con el propio cuerpo y con la propia intimidad después de un cáncer de mama.
El cáncer de mama continúa siendo el tumor más frecuente entre las mujeres en España. Una de cada ocho desarrollará la enfermedad en algún momento de su vida, aunque la supervivencia a cinco años se sitúa ya en torno al 87,8%, una cifra que refleja los avances conseguidos en diagnóstico y tratamiento.
Sara, paciente: «El cáncer no es una línea recta»
Inauguraba el evento Sara Martínez Hernández, conocida en redes sociales como @saraamarkham, que subía al escenario para compartir su experiencia personal y el día a día conviviendo con el tumor. Con 170.000 seguidores en Instagram, la influencer utiliza sus plataformas para contar su proceso con naturalidad y optimismo. Con 33 años, la barcelonesa recibió el diagnóstico en 2025, teniendo dos hijos pequeños y una vida profesional en marcha. La enfermedad implicó varias cirugías, mastectomía bilateral, afectación ganglionar, quimioterapia, radioterapia y tratamiento hormonal. «Cuando pensaba que terminaba una etapa, aparecían nuevas complicaciones». Tres aprendizajes que compartía la paciente: pedir ayuda y dejarse acompañar; entender que el cáncer no es un camino lineal; y valorar cada momento.
Silvia Capafons, presentadora de MUJERHOY Cancer Care 2026, junto a Sara Martínez Hernández.
LUCA LÓPEZ
Como cosa positiva, destacó que la enfermedad unió a su familia. Tras la paciente tenía lugar la primera mesa redonda protagonizada por cuatro especialistas de MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten: la Dra. Gloria Ortega, jefa de Cirugía de la Mama; la Dra. Silvia Pérez, jefa del Servicio de Radiología de la Mama; la Dra. Isabel Calvo, oncóloga médica de la Unidad Multidisciplinar de Mama; y la Dra. Laura García Estévez, jefa del Servicio de Oncología Médica y coordinadora de la Unidad Multidisciplinar de Mama.
Prevenir también es cuidar
Existen distintos tipos de tumores, con características biológicas diferentes y, por tanto, con estrategias terapéuticas distintas. Y aunque no todos los factores de riesgo pueden modificarse (en aproximadamente la mitad de los casos no es posible identificar uno o concreto), sí hay aspectos sobre los que podemos actuar, como el sedentarismo, el exceso de peso, el consumo de alcohol o el tabaco. La prevención fue el punto de partida. ¿Hasta qué punto podemos reducir nuestro riesgo de desarrollar un cáncer de mama? Los hábitos de vida ocuparon buena parte de la conversación, especialmente la relación entre exceso de peso, metabolismo y cáncer. En palabras de la Dra. Gloria Ortega, «el estilo de vida ayuda, aunque no garantizan que no se desarrolle un cáncer».
De izquierda a derecha, la Dra. Gloria Ortega, jefa de Cirugía de la Mama; la Dra. Isabel Calvo, oncóloga médica de la Unidad Multidisciplinar de Mama; la Dra. Silvia Pérez Cruz, jefa del Servicio de Radiología de la Mama; y la Dra. Laura García Estévez, jefa del Servicio de Oncología Médica y coordinadora de la Unidad Multidisciplinar de Mama.
LUCA LÓPEZ
La Dra. Laura García Estévez, que coordina además el Grupo de Trabajo de Obesidad, Metabolismo y Cáncer de SEOM explicó los primeros datos del trabajo Fobeycan liderado por la doctora, que apuntan a una elevada presencia de exceso de peso entre los pacientes oncológicos: el 57,8% presenta sobrepeso y el 23,6%, obesidad, destacando la importancia de un buen estilo de vida. También se abordó el papel del ejercicio después de una cirugía de mama y axila, especialmente relevante para recuperar la funcionalidad.
En este sentido la Dra. Gloria Ortega habló sobre su programa de ejercicio funcional, pues tal y como explicó, «las recomendaciones generales o la entrega aislada de una tabla de ejercicios no siempre resuelven las dudas de la paciente: cuánto puede mover el brazo, cuánta fuerza puede hacer o cuándo es necesario consultar. Por ello la recuperación funcional puede beneficiarse de un abordaje precoz, progresivo, supervisado e individualizado». Y añadía, para tranquilidad de muchas pacientes: no hay que empezar con grandes esfuerzos: la constancia es más importante que pasar de una vida sedentaria a entrenamientos extremos. Pero prevención no significa responsabilidad absoluta. La edad, la genética o los antecedentes familiares son factores que no podemos modificar. Es aquí donde cobra especial sentido ser diagnosticada a tiempo.
Detectar antes, detectar mejor
La mamografía continúa siendo fundamental para identificar lesiones en fases iniciales y los programas de cribado poblacional desempeñan un papel esencial incluso cuando no existen síntomas. La Dra. Silvia Pérez recalcó que «no hay que esperar a notar un bulto». Hacía igualmente alusión a la relevancia de la densidad mamaria, «porque puede dificultar la visualización de lesiones y porque se asocia con mayor riesgo». En este caso, conviene completar el estudio con ecografía o resonancia.
Cuando llega el diagnóstico aparece una de las preguntas que más miedo genera: ¿cómo se va a tratar? La respuesta, cada vez más, depende de las características concretas de cada tumor. La Dra. Isabel Calvo detalló: «A la hora de decidir el tratamiento no basta con conocer el tamaño del tumor, hay que determinar su subtipo biológico, lo que llamamos apellidos del tumor, que pueden cambiar la estrategia». La imagen tradicional del cáncer de mama asociado casi exclusivamente a la quimioterapia y la radioterapia ha quedado atrás. Hoy el abanico terapéutico incluye hormonoterapia, terapias dirigidas, inmunoterapia y anticuerpos conjugados, entre otras herramientas, que permiten seleccionar cada vez mejor el tratamiento para cada paciente.
Uno de los tratamientos que más debate genera entre las pacientes es la hormonoterapia, especialmente por su posible impacto en la calidad de vida. El reto está en equilibrar la eficacia para prevenir recaídas con el bienestar de la paciente. «La hormonoterapia puede prolongarse durante años y provocar sofocos, insomnio, dolores articulares y problemas sexuales, y estos efectos no deben minimizarse», apuntó la Dra. Calvo, que señalaba el ejercicio como la mejor forma de contrarrestarlos. Salía a colación la investigación que continúa avanzando hacia tratamientos cada vez más específicos y hacia recursos capaces de conocer mejor la biología de cada tumor y anticiparse a su evolución. «Llegará el día en el que podamos meternos en un escáner que nos diga cómo tratarlo con exactitud», señalaba la Dra. Laura García Estévez.
La importancia de comunicar (bien)
Las oncólogas daban paso a un bloque centrado en la comunicación como herramienta capaz de cambiar la manera en que una mujer afronta su enfermedad. Cómo se da una noticia, cómo se responde a una pregunta difícil o se habla de incertidumbre puede tener un enorme impacto en la experiencia de una paciente. La psico-oncóloga y divulgadora Elena Molera puso el foco en esa dimensión de la enfermedad: la comunicación entre profesionales, pacientes y familiares como parte esencial del acompañamiento. Recibir un diagnóstico activa una respuesta de supervivencia.
La psico-oncóloga y divulgadora Elena Molera.
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«En ese momento, la persona puede no estar en condiciones de asimilar información compleja. Por eso importa no solo qué se dice, sino cuándo, dónde y cómo. Molera denunció el error de infantilizar a la mujer que pasa por este proceso, exigirle que sea una heroína, o que el profesional se muestre frío o de falsas garantías. «El cáncer no siempre se puede resolver; sí se puede acompañar. Escuchar, permitir el llanto y preguntar qué necesita la persona puede ser más útil que restar importancia a su miedo o intentar animarla a toda costa». Se refirió también al entorno que acompaña. «Para cuidar bien, el acompañante necesita tiempo, espacios de respiro y condiciones de trabajo que permitan atender a las personas, no solo cumplir agendas».
Volver a reconocerse
Para muchas mujeres, cuando acaba el tratamiento comienza otra etapa: la de mirarse de nuevo al espejo, la de retomar la vida. Y con ella, aspectos como la sexualidad, que a menudo se ve afectada. De recuperar esa identidad habló Álvaro Quesada, experto en tatuaje permanente y terapéutico del complejo areola-pezón. Más allá de la mera cuestión estética, su trabajo permite reconstruir visualmente una parte del cuerpo que tiene un fuerte componente simbólico y emocional. «Mi trabajo ayuda a cerrar una etapa. Trato de recuperar, en la medida de lo posible, el aspecto previo de la zona, siempre que el tejido esté ya preparado después de la reconstrucción».
De izquierda a derecha, Silvia Capafons, Mónica Aránguez, Ana Sierra y Álvaro Quesada.
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Mientras, tanto, la solución la ofrecía Mónica Aránguez, creadora de prótesis externas de silicona médica para el pezón, artesanales y personalizadas, ideales durante el proceso de cicatrización o simplemente, si la mujer no desea algo permanente. «Pueden utilizarse en distintos momentos de la vida cotidiana y de intimidad. Se adhieren a la piel y se quitan con facilidad», argumentaba la experta en micropigmentación estética y paramédica. Habló también sobre la micropigmentación como alternativa al tatuaje permanente, con una duración alrededor de cinco años.
Y dado que el cáncer de mama puede modificar la relación con el cuerpo y con el deseo, Ana Sierra, sexóloga, psicóloga y divulgadora, recordó que los cambios físicos, la presión estética, la sequedad vaginal, la pérdida del deseo y los efectos hormonales y emocionales pueden afectar a la autoestima y a la intimidad incluso cuando el tratamiento médico ya ha terminado.
La goodie bag del evento.
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«No se debe trivializar esta dimensión porque haya otras prioridades médicas». Y proporcionó ideas para incitar a la intimidad. «La sexualidad va más allá del coito: incluye la relación con el propio cuerpo, el placer, el contacto, la intimidad y la conexión con la pareja». El encuentro terminó poniendo en común las experiencias de los tres profesionales que trabajan, desde ámbitos diferentes, en ayudar a la paciente a volver a reconocerse al mirarse al espejo. En definitiva, a recuperar la identidad.