En el libro “Le Pouvior et la vie” (Poder y vida) Valéry Giscard d’Estaing nos cuenta una historia que vivió como presidente de Francia: en la primavera de 1977, unos productores tuvieron la idea de montar un programa titulado “Veinticinco estudiantes de secundaria con el presidente de la República”. Para ello, se seleccionó una muestra de estudiantes, niñas y niños, que representaban diferentes orígenes, parisinos o provinciales, y la diversidad de condiciones sociales de sus padres.
Ya en el desarrollo del programa, cada estudiante cuestionó libremente, sorprendiendo a uno que preguntó: “Usted, jefe de Estado, ¿puede gobernar sin mentir? En su opinión, ¿moral y política tienen algo que ver juntas?”. Giscard respondió que: “se puede gobernar sin mentir y que él creía haberlo hecho durante tres años, pero que había una serie de secretos, cosas que no se pueden decir”, y agregó, “hay menos secretos de los que creemos, en este momento debo ser dueño de tres o cuatro secretos importantes, pero no más”.
Este pasaje de la vida del ex presidente Valéry Giscard d’Estaing nos deja dos lecciones importantes que todo gobernante debe tener presente, sobre todo, en un mundo interconectado donde cada noticia o evento se hace público o se transmite en vivo casi de inmediato.
Primero, que los gobernantes, para comprender verdaderamente el sentir del “pueblo” deben escucharlo y la forma de hacerlo es mediante el diálogo con representantes de distintos orígenes y diversas condiciones sociales o políticas; Un verdadero diálogo se construye escuchando y tratando de responder preguntas incómodas que denotan malestar o una visión diferente al grupo en el poder.
Estar, por un lado, inmerso en una burbuja epistémica que está constituida por una red de información o estructura social donde se omiten voces, perspectivas o evidencias relevantes de manera accidental o mediante exposición selectiva, conduce necesariamente a una comprensión incompleta de los problemas o la realidad de su país; o, por el contrario, verse inmerso en una cámara de eco o resonancia donde se desacreditan activamente las opiniones externas.
Estos fenómenos llevan no sólo a vivir en una mentira o en una realidad alternativa, sino que necesariamente generan una dicotomía entre gente buena -que es la que está con el gobierno- y gente mala -la que está en contra-.
Cualquiera de estos fenómenos -burbuja epistémica o cámara de eco- genera, en los gobernantes, una ceguera temporal ante la realidad de los sentimientos y sufrimientos del pueblo, que sólo será eliminada cuando termine el mandato o el grupo gobernante ya no esté en el poder.
Por eso, hoy más que nunca debemos apostar por el diálogo, escuchando todas las voces, porque volviendo a la pregunta del estudiante sobre si podemos gobernar sin mentir, debemos responder que no podemos hacerlo ni con verdades a medias ni con realidades a medias.
POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ
MINISTRO EN JUBILACIÓN DE LA SCJN
CAMARADA