El error más común al usar autobronceador antes de verano y cómo evitarlo

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El autobronceador vuelve a ocupar un lugar protagonista en el neceser. Es la solución rápida para dejar atrás el tono apagado del invierno, enseñar piernas sin sensación de piel apagada y llegar a los primeros planes al aire libre con un aspecto más favorecedor. Pero aunque parece un producto sencillo, su aplicación tiene truco.

El error más habitual no está en elegir mal el tono, sino en aplicarlo sobre una piel que no está bien preparada. La prisa por conseguir color hace que muchas veces se use directamente después de la ducha, sin exfoliar correctamente, sin hidratar las zonas más secas o sin esperar a que la piel esté completamente limpia y seca. El resultado suele ser el mismo: manchas en rodillas, codos, tobillos, muñecas o un acabado irregular que delata el autobronceador.

El error más habitual al aplicar autobronceador

El autobronceador actúa sobre la capa más superficial de la piel. Por eso, si hay zonas con células muertas, sequedad o textura irregular, el producto se agarra más en unas partes que en otras. Es lo que explica que los talones, las rodillas o los codos puedan quedar más oscuros que el resto del cuerpo.


Exfoliante corporal Bum Bum de Sol de Janeiro.


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Antes de aplicarlo, conviene exfoliar la piel con suavidad, especialmente en piernas, brazos y escote. No hace falta recurrir a una exfoliación agresiva: basta con eliminar esa capa más rugosa para que el producto se distribuya de manera uniforme.


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Otro gesto clave es aplicar una pequeña cantidad de crema hidratante en las zonas donde el autobronceador suele acumularse: codos, rodillas, tobillos, muñecas, talones y nudillos. No se trata de hidratar todo el cuerpo en exceso justo antes, porque podría dificultar que el producto se fije, sino de crear una barrera ligera en esas áreas más secas. Este paso marca mucho la diferencia, sobre todo si se busca un resultado natural y progresivo, sin cortes de color.

Algunos trucos para mejorar el acabado con el autobronceador

El guante aplicador no es un capricho. Ayuda a extender mejor el producto, evita que las palmas de las manos se tiñan y permite trabajar la piel con movimientos amplios y circulares. Lo ideal es empezar con poca cantidad e ir construyendo el tono poco a poco.

En zonas como manos, pies o rostro, es mejor usar el resto de producto que queda en el guante, sin añadir más cantidad directamente. Así el acabado queda mucho más suave.

El mejor momento suele ser por la noche, con la piel limpia, seca y sin perfumes ni desodorantes. Después, conviene ponerse ropa amplia y oscura para evitar roces. A la mañana siguiente, una ducha suave ayuda a retirar el exceso de producto y deja el tono más asentado.

También es importante no hacerlo justo antes de un plan importante. Si es la primera vez que se usa un autobronceador nuevo, mejor probarlo unos días antes para comprobar cómo evoluciona el color.


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Una vez conseguido el color, la hidratación diaria es el mejor mantenimiento. Cuanto más uniforme esté la piel, mejor se irá perdiendo el autobronceador con el paso de los días. Además, es preferible reaplicar poca cantidad cada varios días antes que intentar recuperar el tono de golpe.

Y un recordatorio importante: el autobronceador no protege del sol. Aunque la piel se vea más dorada, sigue siendo necesario aplicar protector solar a diario, especialmente antes del verano, cuando la piel lleva meses menos expuesta.

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