Dra. Agnes Jurati en Star Trek: Picard, Ivy Mayfair-Richards en American Horror Story o Myrtle en Hello Tomorrow! son algunos de los personajes por los que se conoce a Alison Pill. Sin embargo, la carrera profesional de la actriz viene desde mucho más atrás. Con tan solo 11 años ya tenía su primer papel televisivo.
Una experiencia en el mundo de la interpretación nada satisfactoria, según ha explicado ella misma en The New York Times. A través de un ensayo publicado en el medio estadounidense, Pill refleja la dura realidad de aquellos niños que dedican parte de su (no) infancia a actuar, visibiliza las consecuencias posteriores y propone leyes, normas y medidas para cambiar y mejorar la situación.
En el artículo, Alison refleja la incongruencia que existe en torno a la protección legal al menor. En Estados Unidos se prohibió a trabajar a los niños hace 100 años, pero «lo que viví de niña me demostró que las leyes que supuestamente debían protegerme eran menos importantes que la necesidad de terminar una jornada de rodaje». Y es que, el cuidado especial que se tiene con un niño en cualquier otro ámbito de la vida, desaparece cuando se trata de cumplir tiempos y objetivos en la industria del cine.
«En un trabajo que tuve a los 12 años, trabajaba jornadas de 12 horas y aprendí lo que significaba trabajar sin contrato. Los días que estaba tan enferma que apenas podía mantenerme en pie, tenía una camilla preparada fuera de cámara donde podía desplomarme entre tomas. Decir ‘no’ podía significar que me tacharan de difícil y que posiblemente no me volvieran a contratar», cuenta la actriz en el ensayo.
Unas largas jornadas en las que el deseo de complacer, el deseo de recibir atención positiva y, fundamentalmente, el deseo de ser considerados maduros para nuestra edad eran la base de lo que Pill califica como explotación infantil. Y las consecuencias de esta experiencia las detalla sin miramientos.
«Creía que podía soportar el rechazo constante, la cosificación, el golpe a mi ego cuando me sugerían constantemente interpretar personajes secundarios poco atractivos siendo adolescente. Treinta años después, sigo lidiando con la ética de que me trataran como si hubiera tenido la edad suficiente para consentir todo eso por mí misma», aclara.
Una escena de Hello Tomorrow.
@msalisonpill
Además, hace hincapié en lo que ocurre cuando los niños no tienen infancia: «Solemos tener dificultades al llegar a la edad adulta. Abuso de sustancias, trastornos alimenticios, enfermedades mentales. Familias disfuncionales, baja autoestima, autolesiones de diversa índole…».
También cuenta lo difícil que es para un niño actor desarrollar una identidad propia «cuando parece que el mundo entero te critica por desviarte del estereotipo y te colma de elogios cuando te ajustas a él». Porque además, su imagen estaba limitada al trabajo que se encontraba realizando en ese momento. «Pienso en cómo mi cuerpo fue tratado como una mercancía. No podía cortarme ni teñirme el pelo sin permiso. No podía subir de peso ni tener granos», dice.
Alison en una premiere en 2004.
gtres
Otro de los grandes temas a tratar es la sexualización de cuerpos infantiles que se vive en la industria del cine. Un problema que Pill no vivió en sus propias carnes, pero que sí sufrieron muchas de sus compañeras. Eso sí, «no pude escapar de miembros del equipo —hombres adultos— que me preguntaban si tenía novio», señala.
Y a pesar de la cantidad de experiencias que se han hecho públicas de niños talento que han sufrido las consecuencias de la explotación infantil, la cosa no parece mejorar. «No hemos prohibido a los actores infantiles ni hemos promulgado protecciones laborales lo suficientemente estrictas», señala. Para Pill, puede llegar a ser viable una industria sin niños y aboga por medidas como cancelar días o semanas enteras de rodaje si un niño se niega a realizar una acrobacia o una escena o evaluar exhaustivamente a los niños actores durante los exámenes médicos para el seguro.
Pero no sería suficiente. Tanto es así, que Alison lo tiene claro: «Nadie que conozca con experiencia infantil en la industria dejaría que sus hijos actuaran profesionalmente hasta que fueran adultos, lo que dice mucho sobre los peligros de la fama precoz». ¿Vale la pena el futuro de un niño por una obra de arte, incluso la más grande? Mi respuesta, al final, es que probablemente no«