3,2 millones de seguidores en Instagram, 2,9 millones en TikTok, más de 91 millones de likes y un contenido basado en ligar con chicos por la calle a través de cámaras ocultas. Esto es lo que ha llevado a Erola Jons a ser contratada para crear contenido en torno a La Vuelta, la carrera de ciclismo que acaba de arrancar y que finaliza en septiembre. Una decisión polémica cuanto menos que llega en un momento en el que la llamada caída de los influencers sobrevuela el sector y con una crispación cada vez más candente con la inclusión de este tipo de perfiles en otras industrias.
La influencer es conocida por publicar vídeos en clave de humor junto a espontáneos que reciben piropos de manera inesperada y que son viralidad asegurada. Una fórmula que le funciona de maravilla -en cuanto a números se refiere- y que desde la organización de la competición creyeron perfecta para enganchar a una audiencia más joven o ampliar adeptos a un deporte nicho como el ciclismo. Pero nada más lejos de la realidad.
Erola Jons no sabe nada de ciclismo y su primera aparición en el canal de Youtube de La Vuelta ha sido tan decepcionante como polémica para los fans de las bicis. Micrófono en mano y conduciendo la programación en directo de la primera etapa en las plataformas digitales, tuvo la oportunidad de pasear por las zonas con acceso exclusivo para los ciclistas y los medios de la organización. Allí hizo lo que mejor sabe -o al menos lo que le ha llevado a ser conocida- flirtear con los entrevistados y provocar a unos ciclistas completamente desubicados con las preguntas que recibían.
La catalana de 28 años no hizo otra cosa más que adaptar su contenido habitual a otro formato y un contexto muy diferente con un resultado que poco tenía que ver con el deporte. Y no ha gustado. El experimento de colocar una influencer para generar un contenido distendido ha colocado a Erola en el punto de mira y en la cúspide del problema que lleva rondando a la industria de los influencers: las publicaciones vacías y sin sentido.
Comentarios sexistas al ganador del Tour de Francia
Eroal Jones en directo de la primera etapa de La Vuelta.
Y es que, la cosa fue más allá de un simple vídeo de humor. La gota que colmó el vaso llegó cuando se acercó a Tadej Pogacar -a quien llamó Pogachitar-, ganador del Tour de Francia 2026, y le preguntó que por qué hiperventilaba cuando la miraba. También aseguró que preguntaría al ciclista esloveno si era «así de rápido en privado también» y cuando recogía el premio, añadió: «Mírale cómo está, quién diría que ha corrido 200 kmts».
«Mejor pedir perdón que permiso», «qué calor de ver tanta malla tan ajustada» o «si se cambian mejor, así sube la audiencia» mientras miraba por una rendija del camión donde se cambiaban algunos participantes han sido algunas de las intervenciones destacadas que han sembrado la polémica en torno a Erola, pero también a en torno a la organización.
La Vuelta toma medidas: se limita el contacto directo con los ciclistas
De hecho, tras lo ocurrido, las quejas de UAE, el equipo Pogacar, no han tardado en llegar. Como solución, La Vuelta ha explicado a AS que Erola continuará haciendo el trabajo, pero ya no tendrá acceso libre a equipos y corredores y todo lo que haga será con autorización previa y con la aceptación de ellos. «Es una creadora de contenido y ni mucho menos queremos sustituir ni hacer competencia a la prensa tradicional, a la que respetamos y tenemos muy presente», han dicho en palabras recogidas por el medio deportivo. Un parche para unas acciones que algunos ya califican de acoso y que afectan de manera directa al periodismo y a la cobertura habitual de este tipo de competiciones.
Así lo ha hecho saber Laura Meseguer, periodista de ciclismo, que ha calificado la situación de «grave». A través de su Instagram, se ha posicionado ante una polémica que ha marcado el inicio de La Vuelta. «Muchas mujeres llevamos años luchando por ampliar nuestro espacio en un deporte masculino, para que se nos trate con respeto y tengamos las mismas oportunidades que otros. Es un patinazo serio que se contrate a una persona con nulo conocimiento del deporte cuyo contenido se basará en esta serie de comentarios sexistas de los que las mujeres llevamos huyendo siglos», ha dicho.
El periodismo, en pie de guerra
Aunque desde la organización dicen que es solo un contenido de humor y que lo separan del trabajo realizado por los medios de comunicación, la opinión de Laura es firme: «Es una falta de respeto para nosotras, para los profesionales que estamos aquí y sobre todo para los ciclistas. Nadie tiene que soportar que se les trate como objeto, ni mujeres ni hombres».
A ella se ha unido una de las voces más icónicas del ciclismo: Carlos de Andrés. El narrador de RTVE apoyó durante la retransmisión la reflexión de su compañera de profesión. «Es verdad que las mujeres lo han tenido mucho más difícil que nosotros. El vídeo que acabo de ver me ha parecido tan ridículo… Además, ella tiene acceso a todos, a sitios donde incluso los periodistas no podemos acceder. Me parece bien que quieran contratar a una influencer, pero tienen que ir con cuidado», dijo pidiendo explicaciones a la organización.
