Zahara presenta ZAHARAVE:lite: «Bailar rodeada de gente sin miedo a que te juzguen es un acto brutal de libertad»

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Si hay una artista que ha sabido reinventarse sin dejar de ser ella misma, esa es Zahara. Desde que irrumpió en la escena musical con La fabulosa historia de…, hace ya más de dos décadas, su trayectoria ha sido una sucesión de cambios, búsquedas y saltos hacia lugares que, en principio, parecían alejados de aquello que esperábamos de ella. De la canción de autor al pop, de la guitarra a la electrónica y, de ahí, a una pista de baile convertida en escenario. Cada etapa ha ampliado los límites de la anterior.

En los últimos años, esa exploración ha encontrado su expresión más física en ZAHARAVE, el proyecto con el que Zahara ha llevado su apuesta por la electrónica a los escenarios y festivales y ha convertido sus canciones en materia de baile. Una propuesta que rompe las fronteras entre el concierto y el club y en la que la pista deja de ser simplemente el lugar desde el que se observa para convertirse en el centro de todo: un espacio de encuentro, libertad y comunidad.

Ahora este proyecto cambia de formato y llega ZAHARAVE:lite, la versión club del proyecto, que aterriza en salas de pequeño y mediano aforo con una fiesta de más de tres horas de duración. Las canciones de Zahara serán remezcladas en directo por PERARNAU IV, que también se encargará del warm up, y cada noche contará con DJs de la escena local para prolongar la fiesta. Un formato más pequeño en dimensiones, pero no en ambición: aquí la cercanía con el público es precisamente una de las claves.

Un proyecto que nace de la necesidad de crar un espacio seguro para su comunidad y acercar sus nuevas canciones al contexto para el que fueron creadas, la pista de baile. Una experiencia más visceral y cercana en la que, durante unas horas, las fronteras entre artista y público se diluyen y el baile se convierte también en una forma de conexión y reivindicación. Zahara sigue explorando, pero esta vez lo hace más cerca del suelo, de los cuerpos y de la gente que tiene delante. Desde MUJERHOY hablamos con la artista sobre este nuevo proyecto.

MUJERHOY. ZAHARAVE:lite nace de ZAHARAVE, pero cambia completamente el contexto: pasas de los grandes escenarios y festivales a salas pequeñas y a la pista de baile. ¿Qué querías recuperar al hacer el formato más pequeño?

ZAHARA. Una de las características de la música electrónica es que el crecimiento, cuanto más horizontal, mejor. No se trata de que haya un DJ más exitoso que otro, sino de que el DJ consiga que la comunidad baile y esté en sincronía. No importan tanto los grandes espacios como esa conexión. Cuando inventé ZAHARAVE intentaba llevar a mi show lo que siento cuando voy a un club, pero me encontré con muchos problemas para conseguirlo. En los festivales tengo un escenario enorme y quiero aprovecharlo, pero también hay unos tiempos y una estructura determinados.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite


Adrian YR

Al final, lo mío siempre ha sido un híbrido entre el pop y la electrónica. No estoy jugando en un terreno puramente pop ni puramente electrónico, sino que me muevo entre los dos, y creo que eso es también lo que hace especial la propuesta. En los festivales estaba creando un show que me encanta, muy dinámico, en el que pasan muchas cosas: bailarinas, música, un arpa… Es una especie de feria. Pero me estaba perdiendo precisamente lo que más me gusta de una rave: el club, la cercanía, que haya pocos elementos en el escenario y que puedas olvidarte incluso de que estás en un concierto. Hay momentos para la introspección y para el baile individual, y este nuevo formato me permite conectar más con aquello que quería transmitir.

¿En qué momento te das cuenta de que ZAHARAVE ya no es solamente una gira, sino un universo propio que puede seguir mutando?

Nació de manera natural con PUTA. Ya en los propios conciertos de presentación había un final que era un poco más electrónico y la gente decía: «¡Qué rave monta Zahara!». Y yo pensaba: «A ver si es verdad qué lo estoy haciendo». Hicimos La Puta Rave, pero seguía muy ligada al disco de Puta. Había muchas guitarras utilizadas en un sentido más clásico y, aunque la dinámica era juguetona, todavía no estaba tan conectada con la electrónica. Creo que fue al año siguiente, cuando decidí quitarle el «Puta» y que fuera ZAHARAVE, cuando me di cuenta de que podía lograr algo increíble: una conexión entre el pop y la electrónica, e intentar que convivieran en un lugar casi mágico que solo aparece cuando se abre cierta ventana y surge la oportunidad.

El año pasado, cuando nos llamaban para tocar en lugares pequeñitos, en un Radio 3 o en algún ciclo, me llevaba a Martí y estábamos las dos tocando. Y pensaba: «Esto es mucho más guay». Lo otro es espectacular, lo he creado yo y estoy súper orgullosa, pero esto se parece más. Todo el rato pensaba que había que hacer una gira solo así. Al final ha sido la manera de expandir ese concepto de rave. O, al revés, de implosionarlo: concentrarlo todo, sintetizarlo y expresarnos desde la cercanía.

Cuando empezaste a llevar tus canciones al terreno de la electrónica, ¿imaginabas que acabarías haciendo algo tan cercano a la cultura de club?

No, porque siento que todavía las barreras y los muros que hay entre el pop y la electrónica son muy altos como para saltarlos. Por un lado está bien que sea así: que en cada género haya una búsqueda y una manera de profundizar y profesionalizarse. Pero también creo que tanto la electrónica como el pop deberían estar en continua vanguardia, búsqueda y descubrimiento. Esos muros deberían caer para que una propuesta como la mía pueda ser entendida en ambos sitios.

Al principio no pensé que pudiera llegar a hacerlo, pero despues llevamos este concepto a festivales y ví que de repente el público estaba muy conectado conmigo, con lo que estaba contando y con el discurso. Había gente que estaba a muerte con la propuesta y encajó perfectamente. Te das cuenta de que todo el mundo está entendiendo lo que haces.

Empezaste en la música con canciones muy construidas alrededor de la palabra y de la emoción. ¿Cuándo te enamoraste del techno y cómo decidiste incorporarlo a tu sonido?

Lo fui descubriendo muy poco a poco. En la gira de Astronauta tuve que romper muchos prejuicios porque era de ese tipo de persona que pensaba que la música electrónica era algo frío y extraño. No le veía la conexión emocional. Entonces Martí empezó a ponerme discos de Caribou, Floating Points, Moderat… Cosas que yo podía comprender y que veía que no estaban tan alejadas de lo que yo hacía.

Berlín U5 viene de eso: de ir a Berlín y acabar en una rave enorme en la que pinchaban muchísimas personas, entre ellas Villalobos y Richie Hawtin. En la sesión de Richie Hawtin me explotó el cerebro. No entendía nada, era incapaz de comprender cómo estaba haciendo la música. Quería agarrarme a cosas que pudiera identificar, pero no las encontraba y, aun así, no podía parar de bailar ni de estar fascinada.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite


Adrian YR

Eso es un poco lo que sucede en la electrónica y, sobre todo, en el minimal techno, que es uno de mis estilos favoritos. Los cambios son transiciones muy lentas en las que no hay ningún loop exactamente igual al anterior. Todo el rato hay pequeños movimientos que hacen que tu cerebro esté atento a lo que sucede. Salí de allí pensando: «No sé qué es esto, pero lo quiero en mi vida». Fue un flechazo. Creo que cualquiera que tenga algún tipo de prejuicio debería probarlo.

Tus canciones siempre han tenido mucho de catarsis. Ahora esa catarsis pasa por bailar. ¿Te interesa esa idea de que una emoción pueda dejar de pensarse y simplemente atravesar el cuerpo?

Sí. Yo salgo de estos conciertos renovada, que es un poco lo que siento cuando voy a un club. No es solo un momento de fiesta o de evasión, es todo lo contrario: es ponerme ahí, en medio de todo y, como dices, acabar cantando no solo desde el plano mental, sino también desde el emocional. Es increíble.

¿Hay alguna canción de tu repertorio que hayas descubierto de nuevo gracias a esta nueva manera de tocarla?

Me pasa con dos canciones que son ejemplos totalmente contrarios. Una es Camino a Los Ángeles, de 2011, de La pareja tóxica. Es una canción muy violenta que compuse en un momento de mucho cabreo y que siempre dedico en directo a aquellas personas que odiaron mi carrera. Nació con una versión muy a lo Johnny Cash, muy de guitarra y muy dolorosa.

Después ha tenido muchos viajes con banda: la hemos hecho más country, incluso más jazzera. Y estuvo en la gira de la rave pasada. Fue increíble cómo una canción tan violenta se transformaba musicalmente. Nos tirábamos al suelo, éramos como animales que nos arrojábamos y acabábamos en posiciones imposibles. Se convirtió en mi canción favorita.

Y me pasa lo contrario con La gracia, una canción de Lento ternura que para mí es bastante heavy, muy emocional. Gracias a que tiene un desarrollo instrumental, cuando acabo de cantar me quedo nueva. Es como: «Te he soltado todo esto y ahora bailo». El movimiento tiene incluso una explicación desde la psicología. Cuando estás muy alterado por algo y el cerebro inferior domina al superior, una manera de volver a conectarlo todo es mediante el movimiento. Es como: «Venga, muévete, sácalo todo, reiníciate y vuelve a la vida».

En este nuevo concepto hablas de la pista de baile como un espacio de encuentro y libertad. ¿Por qué te parece importante reivindicar hoy el club como espacio político?

Me lo parece y creo que, tal y como se están dando las cosas, es más necesario que nunca. Estamos perdiendo los lugares, las plazas de los pueblos, esos espacios de conversación, conexión y cuidado. En una rave o en un club se generan unos códigos de cuidado global. No es un milagro, a veces alguien la lía, pero, por norma general, lo que suele suceder es que tú te diluyes un poco, dejas de ser la protagonista y sientes que la comunidad que baila es la protagonista y tienes que cuidarla.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite


Adrian YR

Y eso me parece hoy súper potente porque no tenemos lugares donde nos preocupemos por el otro. Solo nos comunicamos por redes sociales, donde podemos ser quien sea, soltar una burrada y escondernos en un avatar. Dejamos que los mensajes incendiarios colapsen todo y nos llenamos el cerebro de información que no lleva a ningún sitio. La rave es un antídoto contra todo eso, no es solo quedarse en un momento de distensión lúdica, sino que es mucho más. Y eso, como mínimo, es lo más político que se me ocurre a día de hoy.

Además, si pensamos en el origen político de la rave, podríamos estar hablando todo el día: Detroit, Londres… Todo tiene que ver con espacios de convivencia y, precisamente, con lugares seguros para gente que no se sentía segura. Eso sí hay que reivindicarlo. En este sentido creo que es para lo único para lo que soy purista: para intentar preservarlo.

Hablas del baile, pero también de resistencia. ¿Contra qué crees que estamos bailando hoy? ¿Puede bailar ser una forma de protesta?

Creo que es una de las mejores formas de protesta. Simplemente ponerte a bailar rodeado de gente ya es un gesto contra la forma en la que vivimos. Estamos todo el día pendientes de cómo nos mostramos: qué foto subimos a Instagram, si es demasiado natural, demasiado preparada, qué van a pensar… Vivimos en una constante autovigilancia y creo que bailar es una forma de romper con todo eso.

Es muy bonito cuando ves en una rave los cuerpos que consiguen liberarse de la mirada ajena. El cuerpo que baila como si no estuviera siendo observado, frente al cuerpo que baila sabiendo que lo están observando. Y puede ser alguien que baile bien o mal desde un punto de vista estético. A lo mejor está bailando increíble, pero sabe que nadie le está prestando atención. O a lo mejor está haciendo un baile feísimo, cero estético, y piensas: «Qué goce»

¿Quién se muestra así a día de hoy, rodeado de gente que no conoce, sin miedo a ese juicio? A veces, cuando vas sola en el coche y nadie te mira, pones una canción que te gusta y gritas, cantas o lloras. En tu habitación también puedes bailar sin preocuparte de cómo te ves. Lo difícil es hacer todo eso cuando estás rodeada de gente. Y eso es precisamente lo que me parece tan brutal de una pista de baile.

En GLITCH reivindicas el error como una fisura desde la que pueden aparecer nuevas posibilidades. ¿De dónde nace esa idea?

Es una idea que yo tengo y que voy rumiando: cuántas veces me he sentido un error. La estética glitch me estaba contando precisamente eso. Entré en un mundo de búsqueda para intentar definirme dentro del error, del que siempre me he sentido parte. Y entonces descubrí un libro fantástico, Feminismo glitch, de Legacy Russell, que habla de esa analogía entre el glitch digital y las personas glitch.

Pensé: «Es que aquí he encontrado la forma de mi zapato». Había encontrado la teoría que sustentaba una tesis que ya vivía en mi cabeza y en mi expresión física. Que esta gira esté bajo el paraguas del glitch y que celebremos el error tiene que ver con esos cuerpos que viven en los márgenes, que han sido considerados fallos a lo largo de sus vidas porque no encajan en lo normativo, ya sea a nivel intelectual, físico, estético o racial. Al final viven en un lugar que parece que la vida real no les permite. Y creo que hay una conexión con la rave y con el club: un permiso. Permitir ser, que no se cuestione quiénes son.

Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite


Adrian YR

Para mí era súper importante ensalzar ese mensaje, dar la bienvenida a esas criaturas. Yo soy una mujer, he sufrido muchísimos tipos de violencia, pero aun así soy una mujer muy privilegiada y soy consciente de ello. Ver que lo que a mí me hace sentirme un glitch es, en realidad, una anécdota comparado con las vidas tan complicadas que tienen muchas de las personas que vienen a mis conciertos y que se sienten bien en ellos, para mí hacer este show y llamarlo así era una manera de decir: «Bienvenidas aquí. Mientras yo esté, estáis bienvenidas. Que nadie os eche, que nadie os mire».

Y si alguna vez os han llamado algo, una metáfora del glitch, del error, del fallo, qué bonito. Qué bonito salirse de la norma, porque qué aburrida es la norma. Qué maravilla ser un fallo, no pertenecer a lo excelente. Qué aburrimiento lo perfecto, lo excelente, lo que está bien.

¿Qué conserva la Zahara de La fabulosa historia de… en la artista que eres hoy?

Siento que, en realidad, soy la misma. En La fabulosa historia…, como ese disco salió con Universal y hubo tantos traumas… Pero la Zahara de 2005, la que tocaba en Búho Real y hacía canciones como Chica Pop o En la habitación, me resulta totalmente reconocible. Me siento igual. Hago canciones, descubro música, amo mi profesión, me pongo nerviosa antes de tocar. Sí que hay cosas que han cambiado: la estética y, obviamente, los aprendizajes vitales. Soy una mujer de 43 años, tengo un hijo y una empresa. Entonces era una niña, prácticamente.

Pero por dentro siento lo mismo: las mismas ganas de hacer música cada día, la misma ilusión, el mismo involucrarme, el querer que funcione. Está siempre esa ilusión. No me siento muy distinta.

¿Qué te gustaría que alguien se llevara consigo después de entrar en el universo de ZAHARAVE?

Me gustaría que se lo pasara súper bien. Lo tengo clarísimo porque es para lo que lo hago. Me encantaría que llegara, que cuando abriéramos la puerta ya empezara a caldearse el ambiente con Martí y su warm-up, que guardara el móvil. Si quiere hacerme fotos, que me las haga, pero que no esté pendiente del teléfono.

Y que cuando llegara mi parte y mire al público, en lugar de ver a alguien pendiente del móvil, lo vea bailando, gozando y feliz. Que cuando termine mi parte y continúe el DJ que cierre la noche, esa persona siga en primera fila dándolo todo. O en última, da igual. Si veo a alguien y puedo pensar «soy yo», esa persona, de alguna manera, soy yo. Si me veo en el público transformada en otro ser, ya con eso estoy felizísima.

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