Estos últimos días un amigo muy culto y buen escritor me pidió que le recomendara tres libros que me han influido “toda mi vida”. La magnitud de la tarea me pareció sencillamente titánica. Desproporcionado. Inconmensurable. Me acordé de Nuccio Ordine, en su libro: «Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal» y confirmé mi hipótesis. Ante este dilema, envié mi lista de tres libros, pero limitándola únicamente al año 2025. Hoy quisiera compartir con ustedes, amables lectores, mis razones.
Los libros tienen “tantas” vidas, que es injusto para los mundos y universos que los condensan, intentar limitarlos a sólo tres, los “más” influyentes para la existencia humana. Las bibliotecas y los libros son planes de vida, se utilizan en diversas facetas o momentos, ya sea en las batallas para forjar el carácter, en la calma para esclarecer el triunfo o valorar la derrota, en la ceguera de los tiempos luminosos y, por supuesto, en los nebulosos, pero también para comprender el presente conjurando el pasado o ante cualquier tribulación de nuestro espíritu.
Porque los libros son runas, que en su lenguaje místico se utilizan de momento en momento, su importancia es permanente y variable, al igual que las brújulas que son, todas sus indicaciones son indispensables e imprescindibles para navegar en los mares tormentosos que es la vida humana.
Pero intentando hacer un ejercicio de síntesis, podría reducir a tres los que más lecciones me hicieron reaprender el año pasado. Un libro no se agota con una sola lectura. Son cíclicos. Regresan con las mismas cartas, pero lecturas diferentes. Ante los acontecimientos “atípicos” del año pasado y la necedad de muchas figuras públicas de “compararse” y comparar a otros, decidí releer “Vidas paralelas” de Plutarco.
Plutarco, que vivió en el Imperio Romano (46-120 d.C.), fue un historiador poco convencional, ya que en su obra “Vidas Paralelas” contrasta en binomios personajes que forjaron la historia de la humanidad en su tiempo, y en muchos sentidos en el nuestro. Bajo este método literario, realiza una comparación de personajes como Alejandro Magno y Julio César o Demóstenes y Cicerón, entre otros, enseñándonos que el paralelismo que existe en las figuras contrastadas, el profundo reflejo de sus personalidades, pero, sobre todo, ilustra a sus lectores que los complejos caprichos de la voluntad humana, incrustados en el poder, son una constante en los tiempos pasados y presentes.
Otro libro que resucité para estos tiempos de ansiedad fue “Meditaciones” de Marco Aurelio. Mientras Plutarco muestra el reflejo de los grandes hombres de su tiempo, Marco Aurelio no dialoga con los demás, hace un ejercicio de introspección y autorreflexión. El emperador estoico no hace una arqueología del poder, sino una radiografía de la tranquilidad y la aceptación.
Por ejemplo, más allá de las tribulaciones de los cargos públicos y en tiempos de insultos, calumnias u otros datos, Marco Aurelio nos aconseja: “La mejor manera de vengarte de quienes te insultan es no imitarlos”.
Finalmente, un gran pensador del siglo pasado, que supo destilar las iteraciones del poder y la etérea “voluntad del pueblo”, fue Elías Canetti en su libro “Masa y Poder”, que analiza cómo el caos, el miedo e incluso la incertidumbre pueden ser los ingredientes en los que se crean los totalitarismos. Basta recordar cómo ilustra y advierte contra la intolerancia, afirma: «El procedimiento judicial, la duda o la división de opiniones se consideran obstáculos intolerables que deben ser eliminados».
Estos tres libros -con sus matices y su propio contexto- fueron el hilo que utilicé para tejer y darle forma, densidad, explicación y aceptación al año caótico que dejamos atrás.
POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ, MINISTRO DE JUBILACIONES DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
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