¿De quién hablamos cuando hablamos de liderazgo femenino en España? La respuesta podría traernos muchos nombres propios de mujer a la cabeza, pero yo les voy a dar seis: Olga Abad Paris, directora de Riesgos Argentina, Uruguay, Perú y Colombia de Banco Santander; Lisette Guittard, directora Global de Transformación y Gestión del Cambio para la división de Tecnología de la misma entidad; Mar Melero Rodríguez, fundadora de Virtual Atelier AI y co-fundadora de FWD Advisors; Laura Sánchez Rodríguez, Global head of Digital Insurance & Growth en Santander Insurance; Marta Puyuelo, Directora de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad para el oeste de Europa en PepsiCo.; y Nathalie d’Amman, founder&CEO de The Luxury Hotel Curator.
Con ellas en calidad de ganadoras españolas de Santander W50 Global 2025 he tenido el inmenso honor de moderar una mesa debate sobre Liderazgo femenino en el mundo de los negocios. Y puedo asegurarles que su experiencia y, sobre todo, sus experiencias, son ejemplo real de inspiración en mayúsculas.
Hablar hoy de liderazgo femenino en España es hablar de avance, pero también de contradicción. Nuestro país se mantiene entre los más avanzados de Europa en cuanto a paridad de género en la alta dirección se refiere. De hecho, según el informe Women in Business 2026 de Grant Thornton, más del 37% de los puestos directivos en nuestro país están ocupados por mujeres, por encima de la media europea y global.
La realidad del liderazgo femenino en España
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y esta cifra aparentemente positiva convive con una realidad menos visible: tras haber rozado el 40% en 2024, España encadena dos años consecutivos de retroceso y sale del grupo de países líderes. Cuando miramos a la pirámide del poder, la fotografía se emborrona aún más. Apenas el 24,3% de los puestos de alta dirección están ocupados por mujeres y la cifra desciende al 18,5% si hablamos de la posición de CEO, diez puntos menos que hace tres años. Y hay más cifras de alarma que aumentan las señales de desigualdad estructural: casi el 8% de las empresas no cuenta con ninguna mujer en su equipo directivo y los puestos de mayor poder, de la presidencia al consejo de administración, siguen prácticamente bloqueados para nosotras.
Lo comentamos justo antes de comenzar el acto que nos reúne, donde se da la bienvenida a las cincuenta nuevas candidatas españolas a la próxima edición del programa Santander W50: hay progreso en la base y en los puestos de dirección intermedios, pero continúa habiendo resistencia en la cima. De hecho, y este dato me pone los pelos de punta, al ritmo actual, una mujer joven que inicia hoy su carrera profesional necesitará más de 25 años para trabajar en una empresa con paridad real en la dirección.
Las cincuenta nuevas candidatas españolas de SW50 2026.
Cortesía de Santader
Pero no podemos pintar todo el escenario de gris, porque también encontramos señales positivas de cambio allá donde hay compromiso y regulación. Diversos estudios coinciden en que las empresas con mayor diversidad en la alta dirección son más competitivas, más innovadoras y generan mejores resultados. De hecho, en los consejos de administración de las cotizadas, la representación femenina se sitúa ya en torno al 38%, acercándose a los objetivos de paridad fijados por ley, y supera incluso el 41% en las corporaciones del IBEX 35.
Mujeres líderes que inspiran
Les reconozco que, justo antes de subir al escenario, me ha entrado el síndrome de la impostora al verme rodeada de tantas mujeres ejemplares. Me he hecho chiquitita por momentos. Pero mientras escuchaba a una formidable Isabel Tocino, consejera y vicepresidenta de Santander España, hablar de «Liderazgo transformacional para una Nueva Era» y de la la importancia de anticiparse a los cambios y generar impacto sostenible en las organizaciones, me he venido arriba con una de sus frases. «’Nena, tú vales mucho’, esto tenéis que repetíroslo a vosotras mismas a menudo», ha asegurado antes de darnos consejos valiosísimos sobre resiliencia, sobre la importancia de pensar en los «next steps» y recordarnos que «somos privilegiadas no porque nos hayan regalado nada, sino porque tenemos la oportunidad de liderar el futuro».
Mesa debate en SW50.
Cortesía Santander
De liderazgo, éxito y futuro hemos hablado largo y tendido durante nuestra charla, que se ha hecho corta entre tanta inspiración. Me quedo con la invitación de Mar Melero a atrevernos a emprender y también con su definición de líder como «aquella persona que es capaz de llevar el resto donde quiere, porque quieren». Me quedo con el éxito de Marta Puyuelo, recordándonos que este puede que no esté donde otros creen que está; y con el matiz de Laura Sánchez hablando de liderazgo EN femenino, sacando pecho de nuestras ‘soft skills’. Me quedo con Lisette Guittard animándonos a ser ‘interpreneurs’ dentro de nuestras compañías, a estar siempre inquietas y algo incómodas, a no conformarnos. Y me quedo con Olga Abad reclamando puestos de responsabilidad real y pidiéndonos alzar la voz y ocuparnos de que se nos vea para estar donde queremos estar, no donde otros quieran que estemos.
Por eso, en este contexto ambiguo y un tanto agridulce, espacios como Santander W50 o como las páginas de Mujerhoy, donde damos visibilidad y voz a mujeres líderes que merecen ser escuchadas, son más relevantes y necesarias que nunca. Por eso también, la pregunta que debemos hacernos, y sobre la que hemos basado esta mesa debate, va más allá de si debemos o no impulsar el liderazgo femenino, porque la respuesta es clara. La pregunta que debemos hacernos como sociedad es cómo lo hacemos y si estamos avanzando lo suficientemente rápido y en la dirección correcta. Lo que me queda claro, hoy más que nunca, es que el liderazgo femenino no es una tendencia ni una moda, es una necesidad urgente de transformación empresarial en la que la palanca del cambio son mujeres líderes como las que hoy he tenido el placer de conocer.