Un fósil hallado en Egipto obliga a mirar hacia el norte de África para reconstruir el amanecer de los simios modernos.

Fragmento mandibular de Masripithecus moghraensis con el M3 derecho en el momento del descubrimiento. Crédito: Hesham Sallam
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Hay descubrimientos que no solo añaden una pieza al rompecabezas, sino que cambian la forma de mirar la mesa entera. Eso parece ocurrir con Masripithecus moghraensis, un nuevo simio fósil del Mioceno temprano hallado en Wadi Moghra, en el norte de Egipto, y descrito en un estudio publicado en Science. Con una antigüedad de entre 17 y 18 millones de años, este animal se ha convertido en el primer simio fósil inequívoco conocido en el norte de África, una región que hasta ahora apenas figuraba en los mapas más influyentes sobre el origen de los hominoideos modernos.
La relevancia del hallazgo no reside únicamente en su rareza. También importa su posición en el árbol evolutivo. Según el equipo liderado por Shorouq F. Al-Ashqar, Hesham Sallam y Erik Seiffert, Masripithecus aparece como un linaje muy próximo a la rama que terminaría conduciendo a todos los simios actuales (gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos), lo que desafía la idea clásica de que esa historia debía situarse casi por completo en África oriental.
El estudio sugiere, por el contrario, que el norte de Afro-Arabia, el Levante o el Mediterráneo oriental pudieron desempeñar un papel central en ese episodio decisivo de nuestra historia profunda.
Un vacío en el mapa de nuestros parientes
Durante décadas, el Mioceno temprano del norte de África había ofrecido fósiles de monos, pero no de simios. Ese silencio fósil pesaba demasiado. Mientras tanto, los restos de hominoideos tempranos procedentes de África oriental, Europa y Asia alimentaban hipótesis complejas, aunque incompletas, sobre dónde surgió el ancestro común de los simios vivos.
La ausencia de hallazgos en Egipto y su entorno quizá no indicaba que allí no hubiera habido simios, sino simplemente que aún no los habíamos encontrado. El nuevo fósil viene a recordarnos una verdad incómoda: en paleontología, muchas veces la geografía del conocimiento depende de la geografía de las excavaciones.
No es casual, por eso, que los propios autores presenten el hallazgo como una pieza perdida. El equipo llevaba años buscando un fósil de esta naturaleza en el norte africano, consciente de que la distribución conocida de los simios tempranos tenía algo de espejismo.
Masripithecus extiende el rango geográfico de estos primates y, al mismo tiempo, refuerza la idea de que Egipto fue algo más que una periferia biológica: pudo ser un cruce de caminos evolutivo, situado entre África y Eurasia en un momento en que los cambios tectónicos y la variación del nivel del mar abrían corredores para la dispersión de especies.
La elocuencia de una mandíbula
El material recuperado es modesto: una mandíbula inferior con dientes asociados. Pero la evolución sabe hablar en fragmentos. Los investigadores describen una combinación anatómica singular: caninos y premolares excepcionalmente grandes, molares de superficies redondeadas y muy marcadas, y una mandíbula robusta, un repertorio que no encaja con ningún otro simio conocido de edad semejante.

Precisamente por esa mezcla de rasgos, el fósil fue asignado a un nuevo género y especie, Masripithecus moghraensis, cuyo nombre enlaza “Masr”, Egipto en árabe, con el término griego para “simio”.
Esa anatomía dental no es una curiosidad menor. Los dientes conservan pistas finísimas sobre la ecología de un animal, y en este caso apuntan a una dieta flexible y mayoritariamente frugívora, con capacidad para triturar alimentos más duros (como semillas o frutos secos) cuando el entorno lo exigiera.
Esa versatilidad habría sido una ventaja crucial en una fase de creciente estacionalidad climática en el norte de África y Arabia. En otras palabras: Masripithecus no solo vivió en una región estratégica, sino que parece haber estado adaptado a un mundo cambiante, donde sobrevivir dependía de no especializarse en exceso.
Cuando Egipto se convierte en un puente
La parte más sugestiva del trabajo llega al situar este fósil dentro del gran relato evolutivo. Mediante métodos bayesianos de “tip-dating”, el equipo combinó anatomía de simios vivos y extintos, ADN de especies actuales y la edad geológica de los fósiles para estimar parentescos y divergencias. El resultado es relevante: Masripithecus aparece más próximo a los simios vivos que cualquiera de las especies del Mioceno temprano conocidas en África oriental. No significa que sea el antepasado directo de los humanos, pero sí que pertenece a una vecindad evolutiva especialmente reveladora.

De ahí se desprende una consecuencia mayor. Si los análisis biogeográficos del estudio son correctos, el ancestro común de los simios modernos pudo haberse originado en el norte de Afro-Arabia o sus regiones adyacentes. Es un giro de perspectiva de gran calado: el foco se desplaza desde los escenarios habituales de África oriental hacia una franja que conectaba continentes, ecosistemas y rutas de dispersión.
En ese contexto, Masripithecus funciona como un puente entre registros fósiles antes desconectados y ayuda a explicar cómo los hominoideos estaban ya diversificándose en una zona ideal para expandirse hacia Europa y Asia cuando las conexiones terrestres lo permitieron.
Tal vez lo más fascinante sea que este fósil no cierra un debate: lo abre con una elegancia nueva. La historia de nuestros parientes más antiguos no estaba escrita de una vez y para siempre en los yacimientos más célebres; quizá dormía también bajo arenas menos exploradas.
Egipto, que tantas veces ha sido leído como archivo de civilizaciones, emerge ahora también como archivo de orígenes biológicos. Y en esa doble condición (memoria de piedra y promesa de descubrimiento) subyace una idea poderosa: todavía quedan capítulos esenciales de la evolución aguardando a ser desenterrados, como si el pasado, paciente, siguiera dejando migas para guiarnos de vuelta a nosotros mismos. A veces, para entender de dónde venimos, hay que atreverse a buscar donde nadie había mirado lo suficiente.
Referencias
- Al-Ashqar, Shorouq F., et al. “An Early Miocene Ape from the Biogeographic Crossroads of African and Eurasian Hominoidea.” Science, 26 de marzo de 2026. https://doi.org/10.1126/science.adz4102.