La sorpresa saltó en cuanto los Grandes Duques de Luxemburgo descendieron del coche oficial para encontrarse con los reyes Felipe y Letizia en la Plaza de la Armería del Palacio Real. Sí, las dos consortes coincidieron al vestir de verde el invierno templado de Madrid, una con un mono de tono aceituna de Elie Saab y otra, con el misterioro vestido de cheviot en vivo color bosque. Sin embargo, fue más sorprendente escuchar a Guillermo V saludar a Felipe VI en español, probablemente aprendido de su madre, nacida en La Habana.
Mientras, sus respectivas esposas rompieron a charlar inmediatamente en inglés. No se pudo observar la más mínima distancia ni reticencia entre Estefanía de Luxemburgo y Letizia de España, sobre el papel dos reinas en las antípodas. Una representa el dinamismo de una profesional sin credenciales nobles. La otra, la parsimonia ceremonial de la única consorte europea con título aristocrático desde su nacimiento: condesa de Lannoy.
Digamos, además, que la Reina supo anteponer el encuentro con su homóloga a su anual paseo por Arco: no hubo look rompedor, sino una elección conservadora que debió tranquilizar muchísimo a la Gran Duquesa de Luxembugo. El duelo de estilo con la consorte española debe imponer lo suyo, aunque la duquesa Estefanía vino preparada para epatar con su mono de alta costura y joyas a la altura: su set de collar y pendientes de perlas y citrino.
Con todo, lo más imponente de la cita fue el Palacio Real, grandioso escenario para un encuentro cálido y bien animado por la fluida conversación de la reina Letizia. Su vivacidad y simpatía ha de convertirla en una de las anfitrionas favoritas para las aristócratas y plebeyas que aterrizan en una familia real: su dominio de las situaciones es tranquilizador.
Vista de los dos tramos de escalinata que salvan la distancia entre el hall y el segundo piso del Palacio Real.
CASA REAL
La reina Letizia se las arregla para no ceder ni un segundo a la confusión o la duda: «Felipe, Felipe: ¿nos colocamos así?», preguntó al Rey antes de subir al estrado para la foto oficial, resolviendo el titubeo de una Gran Duquesa que esperaba instrucciones. La consorte española quiso favorecer en todo a su invitada: además de un vestido sin adorno, solo un finísimo cinturón negro, se limitó a sumar unos pendientes de esmeraldas de Tous, regalo por su 50 cumpleaños.
La duquesa Estefanía y Letizia, en la escalinata
La grandiosidad del Palacio Real fue motivo de conversación entre los monarcas españoles y los Grandes Duques de Luxemburgo, aunque a Estefanía no debió hacerle demasiada gracia subir la larguísima escalinata que salva la entrada del palacio con la primera planta. La vimos ascender charlando animadamente con Letizia, aunque ralentizando el paso para no culminar la ascensión sin resuello.
Tras contemplar durante unos segundos el impresionante hall del Palacio Real, los monarcas y sus invitados procedieron a la Saleta de Gasparini donde se celebró el tradicional besamanos, el saludo al centenar de personas que integraron las delegaciones española y luxemburguesa. Recordemos que los almuerzos y cenas oficiales propiciadas por los jefes de Estado no son únicamente celebratorias, sino reuniones de negocios y alta política que facilitan conversaciones y contacto entre altos funcionarios de los Estados.
Otra imagen de la monumentalidad del Palacio Real, con los reyes Felipe y Letizia y los Grandes Duques de Luxemburgo.
CASA REAL
Entre las personas que saludaron a los Grandes Duques de Luxemburgo y los Reyes españoles se encontraban, de hecho, dos de las súper banqueras españolas, sin duda caras más que familiares para los diplomáticos, funcionarios y ejecutivos luxemburgueses presentes. Nos referimos a Ana Botín, presidenta del Banco Santander, y María Dolores Dancausa, presidenta de Bankinter. Los lazos de Botín con la familia real española son, además, personales: puede considerarse amiga de la reina Sofía, pues su madre es íntima de la emérita.
Estefanía, Guillermo y una guitarra española
Hubo, además de almuerzo en el comedor de gala y discursos de mutuo reconocimiento por parte de Felipe VI y Guillermo V, intercambio de regalos. Los Reyes entregaron a los Grandes Duques una guitarra española fabricada de forma artesanal, un juego de jarra y seis vasos de agua de cristal de la Real Fábrica de Cristales de la Granja y una obra editada con ocasión del bicentenario del Teatro Real de Madrid.
Guillermo y Estefanía correspondieron con un jarrón de cristal de Villeroy & Boch, un jarrón de la exposición De Mains de Maîtres (prestigiosa exposición celebrada en Luxemburgo dedicada a la promoción de los oficios artesanales y artísticos) y una foto firmada. Además, los Grandes Duques fueron condecorados por el rey Felipe VI, un gesto de cordialidad subrayado, pues no suele producirse en viajes oficiales que no alcanza la categoría de viajes de Estado.
El monarca español concedió a Guillermo V el Collar de la Orden de Isabel la Católica, una condecoración reservada a jefes de Estado; a la duquesa Estefanía le impuso la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, una de las condecoraciones más altas de la orden.