El 25 de enero, la cuenta oficial de Instagram de la familia real de Mónaco compartió una impresionante imagen de la princesa Charlène, vestida con uno de su característicos vestidos sin mangas y con pendientes de diamantes. El retrato sirvió para celebrar los 48 años de la sudafricana y como la mejor carta de presentación de este nuevo capítulo de su vida. Lejos ya de aquella imagen de princesa triste y vencidos sus problemas de salud, la royal mira al futuro con renovado optimismo.
Inmune a los rumores de despilfarro continuo, a la rivalidad con sus cuñadas Carolina y Estefanía y a los que cuestionan su matrimonio con el príncipe Alberto, la antigua nadadora olímpica pisa fuerte en Mónaco. Y parece más dispuesta que nunca a retomar la tarea de convertirse en la heredera del glamour de Grace Kelly. Como muestra, su espectacular look en la última celebración del Día Nacional de Mónaco. Incluso se atrevió a lucir una tiara, un regio complemento poco habitual entre los Grimaldi.
«Nos apoyamos mutuamente. Ella ha reanudado muchas de sus actividades, más compromisos públicos, para alegría de todos», eran las entusiastas palabras de Alberto de Mónaco sobre esta nueva etapa de Charlène. La real pareja volvió a hacer frente común en su primer compromiso del año, para el que la sudafricana lució un nuevo look, con el pelo más largo que nunca. Demostrando que el deporte, los animales y los más pequeños son sus prioridades, ambos inauguraron un nuevo parque infantil en Montecarlo.
El evento sirvió también para dejar claro quién sigue siendo fiel a la princesa Charléne. Ante el desprecio de Carolina y la indiferencia de Estefanía, la sudafricana estuvo arropada por sus sobrinos Camille Gottlieb y Louis Ducruet. Todos apoyaron a Marie Ducruet, la esposa de Louis, fundadora de esta iniciativa creada para cubrir una necesidad en el ámbito del cuidado infantil en Mónaco.
Las comparaciones entre Charlène y Grace Kelly
Ni la propia Charlène ni sus padres, Lynette, profesora de natación, y Michael, director comercial, pudieron imaginar que crecería para casarse con un príncipe. Otro tanto podemos decir de los progenitores de Grace Kelly. Uno de los muchos paralelismos que se llevan estableciendo entre ambas desde la boda de la sudafricana con Alberto de Mónaco en 2011. Un nuevo hito en la fascinación por los Grimaldi que comenzó cuando Rainiero III se casó con la actriz estadounidense, que renunció a su carrera en Hollywood por amor.
Charlène en el retrato por sus 48 años.
CASA REAL DE MÓNACO
En ambos casos, la transición a la vida en este enclave deslumbrante del Mediterráneo fue difícil, dolorosa y solitaria. Ambas se vieron atrapadas en una jaula de oro, con la barrera añadida de que no hablaban francés. «Las personas con las que me relacionaba en Mónaco no entendían mi mentalidad ni mi sentido del humor sudafricanos», aseguro Charlène en una entrevista de 2010 con la revista Tatler.
Consciente del peso de las expectativas que recaían sobre sus fuertes hombros de nadadora, Charlène ha sabido inyectar vitalidad y glamour renovado al Principado de Mónaco. Algo de lo que no había disfrutado desde la época dorada de la princesa Grace. En poco tiempo pasó de no tener apenas interés en la moda a ser una de las royals más elegantes y modernas de Europa. Y parece seguir dispuesta a jugar con sus propias reglas en el futuro inmediato.
Charlène y la indiferencia de sus detractoras
En el camino a cimentar su posición como primera dama de Mónaco, Charlène tuvo como principal escollo a la princesa Carolina. La hija mayor de Grace Kelly se sintió privada de su rol cuando la sudafricana llegó a la familia y no se ha mostrado nunca dispuesta a ceder un ápice de su poder. Pese a los esfuerzos de los Grimaldi por escenificar unas relaciones familiares reconciliadas, ambas mantienen una suerte de guerra fría. Desde hace años se reparten la agenda oficial y los eventos de gala para no verse obligadas a coincidir.
En el caso de la princesa Estefanía, las cosas son diferentes. Se las ha considerado cómplices, ya que la antigua cantante es una cara mucho más amable para la sudafricana que la de su cuñada mayor. Y se las ha visto juntas, cariñosas y sonrientes, en varios eventos en los últimos años. Pero lo cierto es que Charlène no ha encontrado en ella a una aliada para afianzarse como la verdadera primera dama de Mónaco. Un puesto que, hasta hace pocos meses, seguía simbólicamente en manos de la princesa Carolina.