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miércoles, enero 28, 2026

Descubren en Alemania campamentos de marcha romanos de hace 1.700 años que obligan a replantear hasta dónde llegó el Imperio

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Cuatro campamentos romanos del siglo III hallados en Alemania revelan una expansión militar olvidada hacia el noreste de Europa, con miles de objetos que dan pistas sobre el avance de Caracalla.

Hallan en Alemania campamentos romanos que cambian lo que sabíamos sobre las fronteras del Imperio

Hallan en Alemania campamentos romanos que cambian lo que sabíamos sobre las fronteras del Imperio. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez


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Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica


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Durante siglos, los historiadores se han apoyado en fuentes escritas y hallazgos dispersos para reconstruir los movimientos militares romanos más allá del Rin. Sin embargo, un reciente descubrimiento arqueológico en el actual estado de Sajonia-Anhalt, en Alemania, ha proporcionado por primera vez una evidencia sólida y estructural de la presencia romana avanzada en la llamada Germania libera. Cuatro campamentos de marcha perfectamente trazados han salido a la luz, junto con más de 1.500 objetos, entre ellos monedas, clavos de sandalia y fíbulas. Este hallazgo supone una verdadera revolución en nuestra comprensión de las campañas imperiales del siglo III.

El avance romano que nadie esperaba

Los nuevos yacimientos descubiertos en las localidades de Aken, Trabitz y Deersheim constituyen los campamentos romanos más nororientales encontrados hasta ahora fuera de las fronteras imperiales del Rin. No son asentamientos fortificados de largo plazo ni ciudades militares: se trata de campamentos de marcha, construcciones temporales levantadas por las legiones tras una jornada de desplazamiento. Su estructura sigue el modelo clásico romano: perímetro rectangular con esquinas redondeadas, entradas flanqueadas por un foso frontal y calles internas en cruz que convergen en el edificio de mando o principia.

La precisión de sus líneas, visible desde el aire, no deja lugar a dudas. Fue gracias a imágenes de satélite, ortofotografías y vuelos arqueológicos que estos vestigios geométricos fueron identificados por primera vez entre campos y bosques de Alemania oriental. Tras su localización, prospecciones con detectores de metales y excavaciones específicas revelaron la magnitud del hallazgo: objetos metálicos, clavos de sandalias militares, monedas de plata de emperadores como Antonino Pío, Marco Aurelio y Caracalla, y fragmentos de fíbulas típicas del equipamiento legionario.

Una fotografía aérea del campamento de marcha en Trabitz muestra con claridad la entrada principal, destacando el titulum, ese distintivo foso defensivo que protegía los accesos en las fortificaciones romanas temporales
Una fotografía aérea del campamento de marcha en Trabitz muestra con claridad la entrada principal, destacando el titulum, ese distintivo foso defensivo que protegía los accesos en las fortificaciones romanas temporales. Foto: GeoBasis-DE / LVermGeo ST, Datenlizenz Deutschland – Namensnennung

Caracalla y la ofensiva olvidada

Entre todos los hallazgos, uno ha llamado especialmente la atención de los arqueólogos: un denario de plata de Caracalla hallado en el campamento de Trabitz. Esta moneda ofrece una pista crucial para datar el conjunto de estructuras en torno al año 213 d.C., en el contexto de una campaña militar del emperador contra tribus germánicas situadas más allá del Limes.

Las fuentes históricas, escasas y en muchos casos poco fiables, mencionan que Caracalla realizó expediciones más allá de la frontera durante su reinado. Un texto de época tardía sugiere incluso que sus tropas se adentraron hasta 300 o 400 millas en territorio enemigo. No obstante, hasta ahora no existía ningún rastro material que confirmara semejante profundidad de penetración en la Germania Magna.

La aparición de estos campamentos, todos ellos situados entre los montes Harz y el río Elba, podría cambiar por completo esa percepción. El hecho de que se trate de estructuras militares estándar, con su morfología típica, refuerza la idea de que se trataba de una operación organizada, no de una simple incursión o escaramuza puntual. La hipótesis que gana fuerza entre los investigadores es que estas bases temporales formaban parte de una línea logística usada por las legiones en su avance hacia el noreste, quizá en una maniobra envolvente o de castigo contra confederaciones germánicas emergentes.

Voluntarios, tecnología y una pizca de suerte

Uno de los aspectos más notables de este descubrimiento es cómo se ha producido: una combinación de tecnología punta y esfuerzo humano. Parte del mérito recae en voluntarios experimentados como Michael Barkowski y René Hoffmann, quienes, utilizando imágenes satelitales y ortofotos digitales, dieron con las primeras huellas visibles desde el aire. La colaboración entre arqueólogos profesionales y ciudadanos formados en conservación del patrimonio ha sido esencial para interpretar estos indicios iniciales.

Posteriormente, estudios geofísicos y excavaciones sistemáticas confirmaron lo que las imágenes sugerían: fosos en forma de «V», esquinas redondeadas, entradas reforzadas y alineaciones regulares. En los cortes de terreno se han documentado zanjas de hasta 1,8 metros de ancho y más de metro y medio de profundidad, perfectamente conservadas bajo la capa vegetal.

Durante la prospección con detectores se recuperaron más de 1.500 objetos metálicos. Lo más abundante son clavos —probablemente procedentes de las suelas de los legionarios—, pero también destacan monedas que permiten datar los niveles y objetos de uso personal como fíbulas. La cantidad de vestigios, y su concentración en áreas bien delimitadas, alejan cualquier duda sobre su origen romano.

Durante las prospecciones sistemáticas realizadas con detectores de metales en los campamentos de marcha, salieron a la luz varias monedas romanas
Durante las prospecciones sistemáticas realizadas con detectores de metales en los campamentos de marcha, salieron a la luz varias monedas romanas. Foto: State Office for Heritage Management and Archaeology Saxony-Anhalt

El rompecabezas de la Germania libera

Hasta ahora, la historia romana al este del Rin se construía a partir de fuentes escritas y hallazgos dispersos. Las campañas de Druso, Ahenobarbo o Tiberio a finales del siglo I a.C. y principios del I d.C. están bien documentadas gracias a cronistas como Tácito o Dion Casio. Sin embargo, tras la debacle de Varo en el bosque de Teutoburgo en el año 9 d.C., Roma abandonó su ambición de convertir la Germania Magna en provincia.

Durante los siglos siguientes, las relaciones entre Roma y los pueblos germánicos fueron ambiguas: alianzas, pagos, guerras, pactos y colonizaciones cruzadas. Pero fue en el siglo III cuando la situación se volvió crítica. El surgimiento de grandes confederaciones tribales y la presión constante sobre el limes obligaron al Imperio a lanzar nuevas campañas de gran envergadura.

El hallazgo de estos campamentos ofrece una prueba física de que esas campañas existieron realmente. No estamos ante una simple patrulla fronteriza, sino ante movimientos coordinados de tropas, con bases temporales estandarizadas y una estrategia de avance en profundidad. Si se confirma que pertenecen a la expedición de Caracalla, habría que reescribir los manuales de historia militar romana, ampliando su campo de operaciones más allá de lo que hasta ahora se creía posible.

Una historia aún por desenterrar

El Landesamt für Denkmalpflege und Archäologie Sachsen-Anhalt ha confirmado que las investigaciones continúan. Nuevos análisis de radiocarbono, estudios sobre el terreno y futuras excavaciones podrían arrojar más luz sobre la duración, magnitud y objetivos de estas campañas. También podría surgir nueva evidencia de enfrentamientos o asentamientos secundarios vinculados al paso de las legiones.

En cualquier caso, el hallazgo marca un antes y un después en la arqueología militar romana en Europa central. Más allá del valor de los objetos recuperados, lo que estos campamentos ofrecen es contexto, estructura y evidencia tangible. Y en historia, eso puede ser más valioso que una inscripción o una crónica tardía.

El suelo alemán, aparentemente tan ajeno a Roma durante siglos, comienza ahora a revelar una historia más compleja: la de un imperio que, incluso en crisis, no renunciaba a proyectar su poder más allá de sus límites. Un imperio que, a través de sus zanjas y caminos, aún habla 1.700 años después.

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