Si hay un lugar en la geografía española donde siempre apetece escaparse, esas son las Islas Canarias. Sus paisajes extraordinarios, el buen clima que presenta durante todo el año y su carácter configurado al ritmo de las olas del mar hacen que este archipiélago sea uno de los grandes favoritos para aquellos que, con la llegada de la primavera, busquen pasar unos días en uno de esos destinos que adelantan el verano.
En concreto, hoy nos trasladamos a la isla de Gran Canaria, a uno de esos tesoros canarios en forma de pueblo que merece, y mucho, la pena conocer. Hablamos de Artenara, el pueblo menos poblado de la isla y el que más alto está, asentado a 1.270 metros sobre el nivel del mar. Aunque, en esencia, es un pueblo de interior, el mar está presente en su orografía gracias a la pequeña salida al mar que se sitúa en su parte más baja.
Pero si por algo sobresale Artenara es por su paisaje montañoso que ha definido su historia y la vida de sus habitantes. No en vano el escritor Miguel de Unamuno describió su paisaje como una «tempestad petrificada» en alusión al dibujo completamente irregular que crean sus barrancos y salientes volcánicos. La importancia de la montaña llega a tal punto que uno de los principales atractivos de Artenara son sus casas cuevas, viviendas excavadas en roca donde habitaron durante mucho tiempo buena parte de sus habitantes y que hoy los turistas pueden conocer acercándose a su Museo Etnográfico Casas Cueva de Artenara, ubicado en viviendas reales.
Paisaje cultural del Risco Caído y montañas sagradas de Gran Canaria
@riscocaidogc
El lugar de Artenara donde el conjunto montañoso brilla en su máximo esplendor es en el Paisaje cultural del Risco Caído y montañas sagradas de Gran Canaria, que fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2019. El encanto de este conjunto va mucho más allá de la curiosidad de sus formaciones de rocas volcánicas, y es que aquí permanece vivo el recuerdo de las primeras sociedades aborígenes que habitaron este rincón canario y que guardaban un estrecho vínculo tanto con ese entorno como con las estrellas que tan bien se aprecian desde allí.
Dentro de este conjunto ocupa un lugar especial Risco Caído, un complejo de cuevas ceremoniales con un profundo significado espiritual. Y es que la forma en la que se presentan permite observar los fenómenos celestiales con precisión, contando incluso con un calendario astronómico que da buena cuenta de cómo estas primeras civilizaciones miraban al cielo como guía para todos los aspectos de su vida.
De esta civilización que tanta riqueza cultural nos ha dejado en herencia se conserva tanto restos arqueológicos de gran valor como esta huella que han dejado en el paisaje y que nos acercan más a sus creencias. Y es que, para ellos, estas montañas era un auténtico lugar sagrado, algo que puede entenderse con facilidad si nos paramos a contemplar la belleza sin igual del entorno, así como el ambiente que allí se genera y que era de lo más propicio para realizar ofrendas y rituales.
Capilla de la Cuevita, Artenara
@visitartenara
El carácter sacro de las montañas de Artenara no quedó solo en la época prehispánica. En el siglo XVIII se construyó una capilla excavada directamente en las montaña, al estilo de las casas cuevas tradicionales, para rendir culto a la conocida como Virgen de la Cuevita, cuya devoción se remonta también a esta época. Este particular santuario, ubicado a escasos 500 metros del centro del pueblo, es un lugar de culto de referencia y uno de esos imprescindibles en tu visita a este rincón canario, por lo bello y singular que resulta.
Otros enclaves indispensables en tu visita a Artenara
Más allá del patrimonio ligado a la montaña, Artenara tiene otras joyas como la iglesia de San Matías, ubicaca en la plaza del pueblo. Aunque la construcción original data de 1630, el templo que podemos visitar en la actualidad data de 1870, salvo las torres, que son del siglo XX. Éstas son el elemento más característico de la iglesia, destacando principalmente por su color rojo procedente de la cantería de este color de Tirma.
Plaza del pueblo de Artenara e iglesia de San Matías
@pueblosmagicosespana
Mención especial merecen los miradores de Artenara, enclaves privilegiados donde pararse a contemplar las maravillas naturales que rodean este rincón canario. Uno de los más singulares es el mirador de Unamuno, construido en 1999 en el marco de la Ruta de Unamuno, en honor a la visita del escritor a la isla. Este mirador no solo destaca por sus impresionantes vistas a las montañas y piedras volcánicas, también por la escultura de Miguel de Unamuno que acompaña al visitante en este momento único en su escapada.
Otro de los más bonitos es el mirador del Sagrado Corazón de Jesús, que recibe su nombre del monumento en mármol y piedra, obra del escultor José Luis Marrero, que representa esta imagen religiosa. Se ubica en la cima de la montaña de La Cilla y para llegar hasta aquí es necesario seguir un sendero de escalinatas que nacen del mirador de La Cilla, otro enclave privilegiado para apreciar la grandeza de la isla.