Un hallazgo científico revela cómo la altura transforma a los glóbulos rojos en inesperados guardianes del azúcar en sangre.

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En las cumbres donde el aire se vuelve tenue y cada bocanada exige un esfuerzo adicional, el organismo humano activa un engranaje biológico tan complejo como invisible. A miles de metros sobre el nivel del mar, la presión atmosférica disminuye y con ella la cantidad de oxígeno disponible para las células. Esta condición, conocida como hipoxia, obliga al cuerpo a reajustar su metabolismo, modificar la producción de glóbulos rojos y optimizar cada molécula de energía.
Desde hace décadas, los epidemiólogos habían detectado un patrón llamativo: las poblaciones que habitan en altitudes elevadas presentan tasas más bajas de diabetes tipo 2 que aquellas que viven al nivel del mar. Sin embargo, la explicación fisiológica detrás de esta aparente ventaja seguía siendo un enigma suspendido en el aire frío de la montaña.
Ahora, un equipo de investigadores de los Gladstone Institutes ha desentrañado ese misterio fisiológico. Según un estudio publicado en la prestigiosa revista Cell Metabolism, los glóbulos rojos (tradicionalmente considerados simples transportadores de oxígeno) actúan como auténticas esponjas de glucosa cuando el organismo se encuentra en condiciones de baja oxigenación.
Es decir, en entornos de hipoxia, estas células absorben grandes cantidades de azúcar de la sangre, reduciendo así los niveles de glucosa y, potencialmente, el riesgo de desarrollar diabetes.
Un largo enigma
El descubrimiento no solo resuelve un enigma largamente debatido en fisiología, sino que también redefine el papel metabólico de los glóbulos rojos. La investigadora principal, Isha Jain, profesora de bioquímica en la Universidad de California en San Francisco, describe este hallazgo como la revelación de un compartimento oculto del metabolismo de la glucosa. Durante años, la comunidad científica había pasado por alto esta función inesperada.
En estudios previos, el equipo de Jain observó que ratones expuestos a ambientes con poco oxígeno mostraban niveles de glucosa en sangre notablemente más bajos. Tras ingerir azúcar, esta desaparecía casi de inmediato del torrente sanguíneo. Los investigadores examinaron órganos como el hígado, el cerebro y los músculos en busca de respuestas, pero ninguno justificaba semejante descenso. La clave estaba en otro lugar.
Fue mediante técnicas avanzadas de imagen metabólica que identificaron a los glóbulos rojos como el “sumidero” de glucosa perdido. En condiciones de hipoxia, no solo aumentaba la producción de estas células, sino que cada una de ellas incrementaba su consumo de azúcar. Este fenómeno fue confirmado en modelos murinos, donde se comprobó que los glóbulos rojos absorbían cantidades significativamente mayores de glucosa en ambientes pobres en oxígeno.
La explicación molecular resulta igualmente fascinante. En colaboración con expertos de la Universidad de Colorado y la Universidad de Maryland, el equipo demostró que la glucosa absorbida se utiliza para generar moléculas que facilitan la liberación de oxígeno hacia los tejidos. En otras palabras, cuando el oxígeno escasea, el cuerpo optimiza su distribución utilizando la glucosa como combustible estratégico.
Beneficios persistentes
Más sorprendente aún fue constatar que los beneficios metabólicos persistían semanas (e incluso meses) después de que los animales regresaran a niveles normales de oxígeno. Es decir, la adaptación dejaba una huella prolongada en el metabolismo.
El equipo también probó un fármaco experimental llamado HypoxyStat, diseñado para imitar los efectos de la hipoxia sin necesidad de ascender a la montaña. Este medicamento actúa haciendo que la hemoglobina retenga el oxígeno con mayor fuerza, reduciendo su disponibilidad en los tejidos y desencadenando así la respuesta adaptativa. En modelos de ratones con diabetes, el fármaco logró revertir la hiperglucemia con una eficacia incluso superior a algunos tratamientos actuales.
Nueva vía terapéutica
El hallazgo abre una vía terapéutica inédita: utilizar los propios glóbulos rojos como aliados metabólicos en el control de la glucosa. Más allá de la diabetes, las implicaciones podrían extenderse al ámbito del rendimiento deportivo, la fisiología del ejercicio o incluso al tratamiento de lesiones traumáticas donde la hipoxia desempeña un papel determinante.
Lo que antes parecía una simple curiosidad geográfica se revela ahora como una sofisticada estrategia biológica. En las alturas, el cuerpo no solo sobrevive: se reinventa. Y en ese delicado equilibrio entre oxígeno y azúcar, los glóbulos rojos emergen como protagonistas inesperados de una historia que apenas comienza a escribirse.