Hay coleccionistas de coches que se conforman con tener el último modelo del mercado, y luego está David Lee. Si eres de los que se emociona al ver un Testarossa por la calle, prepárate.
Porque lo que guarda este empresario en su garaje de Walnut (California) es material de póster de habitación de amantes de superdeportivos, pero elevado a la máxima potencia.
El señor Lee lo llama cariñosamente su «Ketchup y Mostaza Collection» y no es para menos: ha logrado reunir el póker de ases de Ferrari por partida doble.
La obsesión por el ‘Big five’
Para la persona que no tenga conocimiento, en el ‘olimpo’ de Ferrari existe lo que llamamos el «Big Five»: los cinco superdeportivos que definieron el techo tecnológico de cada década.
David Lee no quería simplemente una conexión aleatoria; su objetivo era documentar la evolución de la marca desde 1964 hasta hoy.
«Los tíos de coches nacemos así, algo conecta con nosotros en la mecánica«, explica Lee. Su estrategia fue casi una operación de marketing personal: pensó que si hacía algo suficientemente loco y especial, captaría la atención de la propia Ferrari. Y vaya si lo hizo.
La historia de esta colección es, en realidad, un viaje por la ingeniería más pura. Todo empezó con un Ferrari Enzo, el espectacular V12 atmosférico que llevó tecnología de la F1 a la calle.
Tras él, David Lee se lanzó a la caza de sus antecesores y sucesores. En su garaje conviven el 288 GT8, ese V8 twin turbo que inició la era de los superdeportivos modernos; el indomable F40, el último coche aprobado en vida por Enzo Ferrari.
El F50, que es básicamente un monoplaza con carrocería y dos asientos; y el LaFerrari, el primer paso híbrido de la firma que demostró que la electricidad puede llegar a ser emocionante.
Siete años de ‘caza’ y el reto del amarillo
Conseguir los cinco modelos en el clásico rojo ya es una hazaña que te sitúa en la élite, pero Lee quiso ir más allá. Decidió que quería la misma alineación en amarillo.
«El rojo es más común, pero el amarillo es el segundo color más producido y sabía que el F50, el Enzo y el LaFerrari se fabricaron originalmente así.», comenta.
No fue una tarea fácil ni rápida: le tomó siete años de búsqueda incansable por todo el mundo para encontrar unidades que no solo fueran amarillas, sino que estuvieran en estado de concurso.
A diferencia de otros multimillonarios que guardan sus coches en el garaje para sacarlos en ocasiones especiales, David los conduce todos. Para él, el valor no está solo en el metal, sino en la memoria táctil y auditiva.
«Esa sensación visceral, lo que sientes al conducirlos, eso no te lo quita nadie aunque vendas el coche«, afirma. Como experto en relojería de lujo, David entiende que el coleccionismo es un proceso de paciencia, relaciones y espera, donde el placer no está en el cheque, sino en la historia que hay detrás de cada llave.
El futuro: del ‘Big Five’ al ‘Big Six’ con el F80
La pregunta que nos hacemos es: ¿Qué sigue después de tenerlo todo? Pues bien, el estatus que tiene David Lee en Maranello es tan alto que ya tiene asegurado el próximo capítulo.
Con el reciente anuncio del nuevo Ferrari F80, el coleccionista ya ha pasado por el departamento Tailor Made para configurar su unidad. Aunque para el resto de su colección ha jugado con el rojo y el amarillo, para el F80 lo tiene claro: será rojo.
Con la llegada del F80, David Lee completa una tarea que muy pocos seres humanos pueden soñar. Su garaje no es solo una muestra de riqueza, sino un museo vivo de la velocidad y exclusividad que todo amante del motor querría tener (si eres muy Ferrari, claro).