Podría decirse que Puentedey, al norte de la provincia de Burgos, en la comarca histórica de las Merindades, es territorio sagrado, porque, como ya anticipa el nombre, es obra divina. Un puente, con todo lo que significa, y encima Puente de Dios. Un arco natural, en realidad, pero tan perfecto que desde lejos se atribuyó su ingeniería a un verdadero milagro.
Y lo es, pero obrado por el río Nela en su curso medio, muy cerca de su nacimiento en los montes de Somo, en el límite con Cantabria, con paisajes montañosos, verde prados y cabañas pasiegas. Ya se sabe que el agua es fantástica escultora y que, como nos enseñó el latín, «cavat lapidem». Es decir, que horada la piedra, no por la fuerza, sino por la constancia. Y es lo que ha pasado aquí. Por encima del puente, además, asoma el pueblo, de apenas medio centenar de habitantes y no menos mágico.
Su imagen característica, lógicamente, es el puente, lo primero se que se ve nada más llegar. Pero luego, no todo es naturaleza, aunque sí mucho, y tampoco son cuatro casas sin más, colgadas como una pequeña Cuenca, que tanto obsesiona a los japoneses. De paseo por sus callejuelas, entre las edificaciones propias de la arquitectura montañesa, con portalón de madera, balcón corrido y la era para faenar, enseguida deslumbra el Palacio de los Fernández de Brizuela, con sus dos torres cuadradas, que Francisco de Brizuela, contador de Pedro Fernández de Velasco, condestable de Castilla, construyó en el siglo XV.
Otro tanto puede decirse de la iglesia parroquial, románica del siglo XI, dedicada a San Pelayo, que también es patrón de Puentedey, no solo de Asturias, y en el punto más elevado. No le faltan sus hechuras góticas, su retablo mayor renacentista y otros añadidos posteriores. En la portada se ve a San Jorge luchando contra el dragón, un clásico de la imaginería religiosa. Palacio e iglesia se hallan en el núcleo primigenio, en donde convergen las calles y callejas, que luego se ensanchó con otros barrios: la Bárcena, la Revilla, el Barrio y el más reciente del Aguau. Sí, aquí se hablaba el dialecto cántabro.
Se creyó que era un puente divino y llamaron al pueblo Puentedey.
TURISMO DE BURGOS
Por Puentedey pasaba la línea del ferrocarril Santander-Mediterráneo, que supuso prosperidad y se clausuró en 1985, salpicada de elementos varios del patrimonio histórico industrial como puentes y túneles, que hoy animan la vía verde en que se ha transformado. Y, ya puestos con las caminatas, hay que adentrarse en los Canales de Dulla, un complejo sistema de barrancos profundos entre Villamartín de Sotoscueva y Quintanilla Valdebodres, municipio este último que posee un Pozo del Infierno, una surgencia kárstica que podría tener 100 metros de profundidad.
Una cascada y el monumento natural de Ojo Guareña
En la parte sur de los canales, muy cerca de Puentedey, en dirección a Quintanilla, se precipita desde 30 metros de altura la cascada de la Mea, a la que se llega por un camino entre encinas y robles que merece la pena recorrer para sublimar aún más la experiencia. Sobre todo ahora que estamos en otoño y no se nos quita de las ganas el senderismo.
Es tierra esta también de yacimientos arqueológicos, en especial en el entorno de Ojo Guareña, catalogado como monumento natural y a un paso. Un complejo kárstico de más de 110 kilómetros de galerías subterráneas impresionante con muestras de arte rupestre que fue utilizado por el ser humano entre el Paleolítico y la Edad Media. Sobre este complejo, aparece la ermita rupestre de San Bernabé al abrigo de la montaña, con pinturas que cuentan milagros y tradiciones. Misterio, naturaleza y espiritualidad, todo en uno. Sin olvidar el dolmen de Busnela.
A un paso de Puentedey está Ojo Guareña, con la ermita rupestre de San Bernabé.
TURISMO DE BURGOS
En el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, obra impulsada por Pascual Madoz a mediados del XIX, se describe a Puentedey como «lugar a orillas del río Nela, que le divide en 2 barrios», subrayando que «su clima es bastante frío y reinan todos los vientos», y dando datos como que «tiene 40 casas y una iglesia parroquial, servida por un cura y un sacristán». Más adelante detalla que «sobre el Nela existe un puente con un solo ojo, pero de mucha elevación y que los caminos son de pueblo a pueblo».
Diremos, ya por nuestra cuenta, que está a algo menos de cien kilómetros de Burgos y a solo 13 de Villarcayo; que rehabilitó recientemente una hornera -llegó a haber cinco, una por barrio, para hornear el pan-, el molino y el potro de herrar, y que cuenta con un museo de bolos, un juego que ya se practicaba en el XVI. Un atractivo más, el mirador de San Andrés, suspendido en el aire. En Puentedey se respira paz, entran ganas de echarse a andar y también dar buena cuenta de otro patrimonio, el gastronómico. Estamos en Burgos, así que son de esperar, junto al pan casero, la morcilla y el lechazo.