Reconciliación, la autobiografía del rey emérito que llegaba al mercado español hace una semana tras su publicación inicial en Francia, no está exenta de titulares polémicos sobre miembros de su familia. Si a su nuera Letizia le reprocha que «no ayudó a la cohesión familiar», lamentando que nunca pudo «pasear con mis nietas», sobre Iñaki Urdangarin asegura que «firmaba sin pestañear todos los papeles que su socio le pedía». Pero más duro se muestra todavía con su otro antiguo yerno, Jaime de Marichalar, a costa de la mala educación de su hijo Froilán.
El rey Juan Carlos no tiene piedad del ex marido de la infanta Elena al hacerle directamente responsable de la díscola trayectoria del mayor de sus nietos que le ha costado su alejamiento de España, para hacerle compañía en Abu Dabi. En sus memorias, el padre de Felipe VI afirma que «el divorcio de sus padres y una cierta falta de autoridad paterna le condujeron a una vida desvergonzada». Una sola frase que basta para resumir la mala opinión que le merece la educación que Jaime de Marichalar prestó supuestamente a su primogénito.
Poco después de que saliera a la venta el libro y se hicieran públicas estas palabras, llamaba la atención que el joven no saliera en defensa de su padre. Algo que se pudo entender como un distanciamiento entre ambos, que fuentes de su entorno niegan con rotundidad. «No solo hubo autoridad y marcaje paternal, sino un cariño por parte del hijo. De esa intimidad hay testigos que lo confirman», publica La Razón para explicar la auténtica naturaleza de la relación actual entre padre e hijo.
Cómo se llevan Jaime de Marichalar y Froilán
El antiguo duque de Lugo, consejero de Loewe y Fendi, está haciendo las veces de Pigmalión para su hija Victoria Federica, con el objetivo de que siga sus pasos en el sector de las marcas de lujo. Pero el hecho de que padre e hija sean uña y carne y Froilán viva junto a su abuelo a miles de kilómetros de él, no significa que ambos mantengan una mala relación.
Es cierto que su vida familiar no ha sido fácil. La relación sentimental entre Jaime de Marichalar y la infanta Elena se rompía oficialmente en 2007 (con aquel ya famoso «cese temporal de la convivencia matrimonial») y previamente él había sufrido un ictus en 2001. Las constantes apariciones del sobrino de Felipe y Letizia en titulares relacionados con altercados en discotecas o reyertas con navajas tampoco han ayudado a mejorar una imagen de Froilán ya lastrada por sus problemas con los estudios que finalmente han desembocado en su exilio en Oriente Medio.
Pero tanto Jaime de Marichalar como el resto de la familia paterna de Froilán, todos ellos monárquicos, se han mostrado siempre pendientes del joven y han tratado de llevarle por el buen camino. Pese a que cada vez sea más difícil captarlos juntos en una foto, en sus escasas declaraciones al respecto, el ex de la infanta Elena no ha dudado en defender siempre a su hijo.
Por ejemplo, en 2019, aseguraba en una entrevista que «mis hijos no están afiliados a ningún partido político» y se declaraba muy orgulloso de Froilan: «Está sacando su curso, está muy centrado y le va muy bien su carrera. Es cierto que la diferencia con su hermana Federica es que es más movido, más gamberrete. Y gracias a Dios que es así».
Silencio ante las críticas del emérito
Pese a las duras palabras que le ha dirigido el emérito, de momento Jaime de Marichalar sigue optando por aferrarse a la ley del silencio, como es habitual en él. Lejos de entrar en polémicas y mientras la infanta Elena sigue instalada en su papel de apoyo fiel para el emérito, él no ha hecho declaraciones sobre las controvertidas memorias y no parece que tenga intención de hacerlo en un futuro cercano.
Froilán está «harto» de vivir en Abu Dabi.
GTRES
Quien sí ha hablado, en público y en privado, ha sido Froilán. Primero cuando era cazado por los reporteros en el aeropuerto tras visitar a su abuelo en Sanxenxo, poco después de salir a la venta su autobiografía. Entonces reaccionaba a los elogios que le dedica del monarca en el libro reconociendo que los consideraba «bonitos y agradables». Para luego señalar que «nos ayudamos mutuamente, como cualquier familiar. Eso pasa en todas las familias».
Más sorprendentes eran sus palabras pronunciadas en petit comité durante el almuerzo familiar de los Borbón y Grecia en El Pardo. Allí confesaba estar «harto de vivir en Abu Dabi», añadiendo que se siente encerrado en este pequeño país del Golfo Pérsico, donde a su entender, se encuentra «sin escapatoria». Al hecho de estar a miles de kilómetros de su familia y amigos, se suma que tampoco encuentra el joven especial consuelo en un trabajo que considera «muy aburrido y burocrático».